martes, 29 de abril de 2014

Sobre el apartado de "Derechos y garantías" de la "Carta por la Democracia".


                SOBRE EL APARTADO DE “DERECHOS Y GARANTÍAS” DE LA “CARTA POR LA DEMOCRACIA”.


                La posibilidad de iniciar un proceso de transición auténtico hacia otro tipo de sociedad radicalmente distinta a la capitalista está en estos momentos en el centro del debate de muchos movimientos sociales, como una de las pocas salidas posibles a la situación de crisis sistémica, de consecuencias imposibles de prever, que vivimos.
                ¿Cómo hacer ese tipo de tránsito? ¿Cómo abrir el melón de un régimen político y social agotado, y empezar el trayecto, no inmediato, pero sí decidido, no sin altibajos, pero sí con una clara voluntad de alcanzar su destino, a esa otra arquitectura social que deseamos?
                En estos momentos, diversos grupos e iniciativas plantean respuestas tentativas a estas preguntas de indudable importancia. Es la hora de levantar proyectos, de implementar estrategias, de formarnos y reflexionar, de debatir en común.
                La “Carta por la Democracia” es una de esas propuestas que han puesto encima de la mesa compañeros y compañeras cuya trayectoria militante está avalada por años de trabajo social y de creatividad en el ámbito popular. Quizás no sea la propuesta definitiva, quizás merezca claras críticas, tanto en lo referente a su contenido sustantivo, como a sus propuestas estratégicas de implementación, pero ya que siempre decimos que estamos dispuestos a debatir, nos gustaría contribuir al diálogo abierto por estos compañeros haciendo aportaciones a su texto, sin prejuzgar, de momento, su declarada futura presentación por la vía de candidaturas a las elecciones municipales como modo de acceso al debate público. Empezaremos, pues, por el principio: por el apartado de “Derechos y garantías” de la “Carta por la Democracia”. Para quien no conozca el texto, está accesible en esta página web:  http://movimientodemocracia.net/estamos-llegando/carta_por_la_democracia/
                Comenzaremos por los aciertos, algunos evidentes, del documento. Lo que se propone, en definitiva, es una arquitectura institucional que garantice derechos siempre crecientes a la ciudadanía en una sociedad tendencialmente mucho más democrática que la actual. No estamos hablando, por supuesto, del comunismo, libertario o no, o algo semejante, sino de un estadio intermedio en el que se profundice en la participación popular en la política y en la economía, generando espacios para un avance sustantivo en la construcción democrática y abriendo las puertas a un proceso de superación efectiva del actual desbarajuste capitalista.
                Así, el texto habla de la hipotética redacción de una nueva “Carta de Derechos” inspirada por principios expresos, entre los que se encuentra la no regresividad de los mismos. Hacer intocables los derechos nos parece una buena idea, así como establecer lo que la Carta llama la “garantía multi-institucional” de los mismos, que consistiría en la participación ciudadana directa en su “reconocimiento, ampliación y garantía”. También lo es ordenar la “suficiencia financiera” en el desarrollo efectivo de los derechos, de manera que las fuerzas políticas que hubieran de gestionar esa sociedad se vieran constreñidas, por la propia dicción constitucional, a no poder operar recortes sociales como los que estamos viviendo.
                Se trata de un andamiaje institucional que, pese a lo que piensan, quizás, incluso algunos de sus mismos inspiradores, que posiblemente la entienden como una especie de máquina de “pacificación” del Capital,  aboca a una quiebra dinámica de intereses entre los actores de una sociedad que no ha abandonado la acumulación del Capital, pero en la que el campo de batalla entre clases queda claramente delineado de otra manera, mucho más favorable para los proyectos populares y democráticos. Garantizar la “suficiencia financiera”, así como la “no regresividad”, pone límites evidentes al Capital que el mismo, por la vía jurisdiccional, política o de facto, tratará de traspasar una y otra vez. Lo que implica (y esto, sí creo que lo tienen claro los autores de la Carta) la necesidad de la organización paralela de las clases populares en forma militante para obligar al respeto de la misma.
                Y aquí está una de las debilidades del documento. No sólo no se explicita la composición o estructura de los “organismos multi-institucionales o de participación directa” que se proponen, sino que, fundamentalmente, la Carta no dice una sola palabra sobre la garantía puramente jurisdiccional de los derechos que anima.
                Me explicaré: la discusión sobre los derechos, concretamente sobre los que se consideran fundamentales y los que no, en nuestra Constitución actual (en el caso de que lo fuese) viene alimentada por el hecho de que sólo algunos (los expresados entre el artículo 14 y el 30) son protegidos de manera directa y clara a nivel propiamente judicial. Es decir, no sólo son directamente exigibles ante los poderes públicos, sino que existe una vía expresa ante los tribunales para reclamar ante su incumplimiento, aunque sea lenta y plagada de problemas.
                La Carta, por tanto, debería indicar de manera expresa la plena exigibilidad, y el cauce previsto para ello, de estos derechos. Algo que es tan importante, de hecho, como las afirmaciones genéricas sobre su “universalidad” o su “acceso en igualdad”.
                Y eso nos conduce a un amplio campo, cuya inclusión en el debate es imprescindible en todo proceso constituyente, que es, precisamente, el de la discusión sobre la ordenación, tanto institucional como procedimental, de la Justicia futura.
                ¿Cómo instituir una Justicia realmente democrática, un mecanismo procesal que permita dirimir los conflictos desde una perspectiva que no se agote en la pura formalidad, sino que alcance a criterios de justicia material efectiva? Y ello en una sociedad  que, no nos engañemos, pues nada se dice en la Carta de la socialización directa de los medios de producción, sigue siendo una sociedad de clases.
                Jueces, policías, tribunales, sentencias, penas…un círculo diabólico y enormemente delicado para un pensamiento tendencialmente libertario.
                Pero, también, una dimensión en la que un proyecto transicional tiene que detenerse sí o sí, sino quiere pecar de excesivamente ingenuo.
                La respuesta de la Carta se encuentra, quizás, en el apartado referente a la “Democracia Política”, donde se propone que “la judicatura y los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado quedarán también sometidos a los mismos requisitos de transparencia, democratización y control ciudadano. Sus máximos responsables dejarán de ser elegidos por los representantes políticos, para serlo directamente por la ciudadanía”. Una dicción que puede respetarse sin sobrepasar en nada organigramas judiciales que tan poco garantizan el espacio real de los derechos ciudadanos como el norteamericano de la “Patriot Act”.
                No basta, por tanto, con reivindicar los términos del constitucionalismo anglosajón para la Justicia. Hay un problema más profundo y que debe ser resuelto haciendo una expresa declaración al respecto en una Carta Constitucional realmente democrática: el concepto mismo de orden público, de convivencia colectiva y, por tanto, la esencia de lo que la Justicia dice defender está viciado de raíz en nuestra sociedad. No sólo por la herencia histórica de un régimen autoritario y fascista que nunca ha sido realmente superada, sino porque una sociedad capitalista favorece, en lo esencial, que la institucionalidad que le viene asociada se exprese en términos inequívocamente autoritarios de facto, aunque se pretendan formalmente democráticos.
                Así, a mi modesto modo de ver, y siempre salvo mejor criterio de quienes animen el debate colectivo de la Carta, considero imprescindible no sólo diseñar un poder judicial independiente y claramente distinto a lo que tenemos, con amplia participación ciudadana, mayor consideración para los mecanismos de mediación y restauración entre ciudadanos, amplia dotación de recursos destinados a la reinserción y la rehabilitación, y con un acceso gratuito garantizado a las gentes con pocos medios económicos al servicio público de Justicia; sino también realizar una expresa mención a que el orden público que la Justicia ha de defender (y, por ello, también sus agentes) está constituido por el libre y democrático ejercicio de sus derechos por los ciudadanos y ciudadanas, y por el pleno desarrollo de sus capacidades, y no por la “paz de los negocios” que defiende el Capital.
                Sobre lo que los neoliberales llaman “seguridad jurídica” (la inseguridad vital para los más, la seguridad de sus inversiones para sus sociedades opacas para la Hacienda Pública) ha de gravitar un concepto de “seguridad” y de “orden” radicalmente distinto, que remita a la participación popular directa, como derecho; al ejercicio individual y colectivo de las libertades como fin último del ordenamiento; y al pluralismo ideológico más amplio como ámbito que garantice que entre la “seguridad” mortecina y muchas veces antisocial de los capitales y la libertad de los más para ejercer su propia actividad política, sindical y social, prime ésta última.
                Así, pues, un procedimiento concreto, sumario, gratuito y efectivo para hacer valer jurisdiccionalmente los derechos reconocidos a individuos y colectividades; la arquitectura, al menos esencial, del sistema judicial propuesto, y de sus principios inspiradores; una mención expresa, a convertir en letra constitucional, de lo que ha de entenderse por orden público, por convivencia, por régimen de libertades.  Y ello, sabiendo que las simples menciones programáticas no son nada sin la presión efectiva de las clases subalternas organizadas. Tres propuestas que me atrevo a plantear como aportaciones al debate respecto al apartado de “Derechos y Garantías” de la “Carta por la Democracia”.
                A los compañeros y compañeras que participen en el mismo les compete decidir si estas propuestas tienen el interés suficiente para seguir discutiendo sobre ellas.
                En todo caso, el que suscribe estas líneas intentará ir desgranando ulteriores comentarios sobre el resto de los aparatados de la Carta, si sus limitadas fuerzas y su menguante tiempo libre se lo permiten.
                Debatir, en todo caso, nos ayudará a comprendernos, a conocernos, a valorar el texto propuesto y, también, a ir dando los pasos tentativos que nos conduzcan en la dirección de abrir un nuevo cauce hacia otro tipo de sociedad radicalmente distinta.
                José Luis Carretero Miramar.









Por la readmisión de Arturo Acón

Arturo Acón Bonasa, maquinista jefe de Tren en Renfe ha sido despedido el día 5 de febrero. Arturo además de prestar servicio hasta la actualidad como Maquinista Jefe de Tren en Alicante, antes en largo recorrido, es representante de Solidaridad Obrera y ha sido miembro del Comité de Empresa durante 12 años(1999-2011). Arturo es un destacado militante de Solidaridad Obrera y excelente compañero, además de ser abogado y haber actuado en múltiples ocasiones como tal, en procesos de distintos trabajadores contra la empresa Renfe. No sólo ha llevado demandas de Solidaridad Obrera, sino que también ha defendido a los compañeros del Sindicato Unitario Ferroviario y del Movimiento por la Igualdad y los Derechos de los Ferroviarios (MIDF), sindicatos con los que Solidaridad Obrera forma, desde hace años, la Coalición Ferroviaria.
Además, Arturo ha representado habitualmente a Solidaridad Obrera en movilizaciones generales, laborales o sociales, y actuado como reconocido militante del sindicato a nivel nacional. Su trayectoria tanto como maquinista, como abogado y como militante demuestra una honradez y generosidad desconocida en el panorama público actual.
Renfe ha perdido varios juicios recientemente, en los que Arturo actuaba como letrado. En junio de 2013 representó al Sindicato Unitario Ferroviario (SUF) en demanda judicial en la que 9 afiliados solicitaban les fuera de aplicación nueva normativa acordada en RENFE para la jornada de los maquinistas. El Juzgado les da la razón, Renfe recurre y el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Cataluña les vuelve a dar la razón. Renfe se opone a la ejecución y el Juzgado, una y otra vez falla a favor de los trabajadores. Debía dar a cada maquinista una media de 40 días de descanso. El 12 de diciembre de 2013 se celebra un nuevo juicio en Barcelona, por idénticos motivos pero referido a otro período de tiempo. En represalia por ello Renfe abre expediente laboral disciplinario a Arturo con el resultado final de DESPIDO por los siguientes hechos que constan en la carta de despido: “Que el día 12 de diciembre de 2013, ejerció como abogado, por cuenta propia en defensa de trabajadores de Renfe Operadora y en contra de esta Empresa (…) dicha actitud supone una trasgresión de la buena fe contractual. La conducta del trabajador expedientado resulta de una falta de naturaleza MUY GRAVE y sancionable conforme al art. 459 del apartado 26 del TRNL (..) art. 54 2.d del ET “La trasgresión de la buena fe contractual, así como el abuso de confianza en el desempeño del trabajo”. En consecuencia la gerencia de Área de Organización y RRHH ha adoptado el acuerdo de imponer la sanción de DESPIDO de esta Empresa”.
Para Solidaridad Obrera, y para cualquier jurista reflexivo, este despido es un abuso de autoridad muy grave por parte de Renfe que no debe de ser consentido. Se trata de un caso de persecución sindical.
En solidaridad con Arturo, las organizaciones de los trabajadores de Renfe han indicado lo siguiente:
"¡¡ Estimados Compañeros !! 

Como la mayoría de ferroviarios ya conocéis, ante el fulminante despido del compañero ARTURO ACÓN BONASA, maquinista de Cercanías de Alicante, se va a proceder a realizar una colecta de ayuda voluntaria entre el colectivo de ferroviarios que de algún modo pudiera ayudar a paliar la falta de ingresos familiares mientras dure el proceso de demanda de despido el cual podría dilatarse en el tiempo. 
 Podéis contribuir con la cantidad que estiméis, siendo muy valorada no sólo por el montante económico sino por la solidaridad demostrada hacia nuestro compañero. 

Se podrá hacer efectiva en: 

• Tracción Cercanías de Alicante: oficina Sr. Ataz 

• Tracción AV-LD de Alicante: oficina Sr. Zazo 

• Intervención AV-LD de Alicante: oficina Srs. Robles y Vargas 

• ADIF (Edificio Circulación) Alicante: oficina administrativa Srta. Alicia 

• Sindicato Único de Trabajadores Solidaridad Obrera: Cuenta n° 2100-2158-67-0200245479 "La Caixa" 

Concepto: "Solidaridad con Arturo"
También hay convocadas concentraciones de apoyo. En Madrid será el 9 de mayo, a las 19.00 en la entrada de la estación de Atocha."


Creo, sinceramente, como jurista, como abogado ejerciente durante 9 años,(y no ejerciente en la actualidad), como trabajador afiliado a un sindicato, y como ciudadano preocupado por los derechos fundamentales de todos, que casos como este no deben de ser consentidos.




lunes, 21 de abril de 2014

"La sociedad está buscando la manera de hacer frente al saqueo capitalista", entrevista en Kaosenlared



Me entrevista Diana Cordero, de Kaosenlared: http://www.kaosenlared.net/component/k2/item/85821-v%C3%ADdeo-jos%C3%A9-luis-carretero-la-sociedad-est%C3%A1-buscando-la-manera-de-hacer-frente-a-la-actual-din%C3%A1mica-del-saqueo-capitalista.html

Cinco regiones españolas lideran el "ranking" de desempleo en la UE

(Entrevista en RT en español):

Eurostat ha publicado nuevas cifras de desempleo en la UE que ponen de relieve la difícil situación que atraviesa España. Y es que las cinco regiones que lideran la tasa de paro pertenecen al país ibérico. A este respecto el profesor de formación laboral José Luis Carretero Miramar opina que las políticas de austeridad aplicadas en España llevaron solo al empobrecimiento de su población.

martes, 15 de abril de 2014

Economía Directa: Transatlanticismo

Hoy hablamos sobre el Tratado de Libre Comercio presentado como una forma de aumentar la eficiencia y eficacia de los procesos productivos entre Estados Unidos y la Unión Europea y que representa una profundización en la Globalización que puede tener una gran trascendencia. También hablamos sobre el esperpéntico episodio protagonizado por Esperanza Aguirre en plena Gran Vía madrileña incluyendo un estacionamiento indebido, el arrollamiento de un ciclomotor de los Agentes de Movilidad y una huída a todo gas por las calles madrileñas. Con Jaime Garo, José Luís Carretero, Enrique Noguero y Antonio Rosenthal. Conduce Juan Carlos Barba
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lunes, 14 de abril de 2014

Presentación de la Biblioteca La Economía de los Trabajadores, en el Hotel Bauen de Buenos Aires

Están todos invitados el martes 15 a las 19 hs. en Buenos Aires, a la presentación de los tres primeros libros de la Biblioteca "Economía de los Trabajadores", que además se hace en el marco de la campaña contra el desalojo de los trabajadores del  Hotel Bauen y la Feria del libro Social y Político. Dos de los libros son recopilaciones de los trabajos del IV Encuentro Internacional "La economía de los trabajadores", con textos de, entre otros, Carlos Martinez, Nascimento Claudio, José Luis Carretero Miramar, Orlando Cruz Capote, Flávio Chedid Henriques Mauricio Sarda, Derrick Naidoo Gisela Bustos, Federico Tonarelli, Henrique Novaes , Marco Gómez Celia Pacheco, Édi A. Benini Martin Zamora, Pedro Christofoli, Mariana Melgarejo, María Inés Fernandez Alvarez y Sebastian Carenzo. El tercero, ¿Qué son las empresas recuperadas? es de Andrés Ruggeri, director del Programa Facultad Abierta de la UNiversidad de Buenos Aires, sobre las fábricas recuperadas.

         Para apoyar la causa del Hotel Bauen, una de las más señeras recuperadas de argentina, pueden firmar esta petición en Change.org:
http://www.change.org/es/peticiones/a-la-opini%C3%B3n-p%C3%BAblica-apoyen-la-causa-bauen?recruiter=8097366&utm_campaign=signature_receipt&utm_medium=email&utm_source=share_petit



domingo, 6 de abril de 2014

Presentación de "La Autogestión Viva" en Jerez

"La Autogestión siempre ha sido un signo de identidad del anarcosindicalismo y de la CGT en particular. La clase trabajadora ha visto en ésta forma de trabajar y organizarse como una salida eficaz ante la opresión laboral del Capitalismo.
En unos momentos de crisis como el que estamos viviendo éste sistema de producción se nos hace imprescindible ante la economía de mercado, que está llevando a la ruina a la gran mayoría de trabajadores y autónomos, y desapareciendo las pequeñas y medianas empresas.
Por este motivo la CGT Comarcal de Jerez, organiza la presentación de un libro, y su correspondiente charla sobre la Autogestión.
Día Viernes 11 de Marzo 2014
Hora: 19,00
Lugar: Salón de actos de la CGT en Plaza Arenal Jerez de la Frontera
Ponente/Escritor del libro, JOSÉ LUIS CARRETERO MIRAMAR"


jueves, 3 de abril de 2014

Sobre el Encuentro Euro-mediterráneo de fábricas recuperadas de Marsella


                SOBRE EL ENCUENTRO EURO-MEDITERRÁNEO DE FÁBRICAS RECUPERADAS DE MARSELLA.

(Este artículo ha sido publicado, bastante desfigurado al maquetarlo, por el periódico CNT)

                En un espacio abierto en la inmensa nave central de la fábrica ocupada Fralib, en Gemenos, cerca de Marsella, Francia, decenas de personas participan de un animado debate sobre la autogestión y el control obrero. La cercanía de las máquinas, capaces de producir las cajas para miles de bolsas de té e infusiones, el fluir de las diversas lenguas de los participantes, y el extenuante esfuerzo de los traductores, confluyen para volver irrepetible una experiencia de intercambio y aprendizaje de alta intensidad.
                No es una imagen ficticia. Ocurrió del 31 de enero al 1 de febrero de 2014, en la costa mediterránea. Tuvo el nombre de Primer Encuentro Europa-Mediterráneo de “Economía de los Trabajadores”, y estuvo organizado por el Programa Facultad Abierta de la Universidad de Buenos Aires (dedicado al asesoramiento de las fábricas recuperadas argentinas), así como por la Assotiation Autogestion  de Francia, el Area de Estudios del Trabajo de la Universidad Autónoma de México y el espacio web transnacional Workerscontrol.
                Este sorprendente y novedoso cónclave reunió a centenares de trabajadores, investigadores y militantes de empresas autogestionadas, universidades, centros de investigación, y organizaciones obreras y sociales de prácticamente toda Europa y numerosas países latinoamericanos.  Había presentes gentes de Francia, España, Italia, Serbia, Alemania, Reino Unido, Brasil, México, Argentina, Grecia, Venezuela, Austria…y muchos otros confines más o menos alejados del mundo.
                Los principales espacios productivos europeos presentes los conformaron los trabajadores de la propia fábrica Fralib, anfitriona del evento;  los de la Fabrique du Sud, de la misma Francia; los operarios de Vio. Me, una empresa de Tesalónica (Grecia) empeñada en producir autogestionadamente detergentes ecológicos tras haber procedido a la ocupación de las instalaciones por parte de los trabajadores amenazados de despido; o los emprendimientos italianos polivalentes y que desarrollan actividades que van desde la producción de bebidas o la reparación de equipos electrónicos al  acondicionamiento de un espacio de coworking para la nueva inteligencia precaria, como Rimaflow (en Milán) o la Officine de Zero de Roma.
                Desde el Estado Español asistimos gentes de la Red de Colectivos Autogestionados de Madrid, de la CGT, de la CNT, del Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión (ICEA, co-organizador del evento), de Solidaridad Obrera y algún compañero de Izquierda Anticapitalista de Cádiz, la mayoría a título personal.
                Los debates fueron extenuantes y variados, con intervenciones en numerosas lenguas que el equipo de traductores (realmente brillante) tuvo que hacer accesibles a todos y todas. Se habló de la situación social en nuestros países, de las movilizaciones que tratan de generar alternativas, de la tendencial construcción de una red de emprendimientos autogestionados europeos, en plena relación con los latinoamericanos, que pueda  promover los intercambios y generar mecanismos de apoyo mutuo más allá de las fronteras y de las líneas de demarcación puramente ideológicas.
                El evento, por otra parte, había sido dinamizado por las fuerzas y equipos humanos que trabajan, en países como Argentina, Brasil o México, con las llamadas empresas recuperadas. Empresas en crisis ocupadas por los trabajadores y puestas a funcionar de manera autogestionaria. Este fenómeno, muy relacionado con la gigantesca convulsión social provocada por las políticas de austeridad, privatizaciones y pago de la deuda llevadas a cabo en América Latina en el entorno de los años 90, está conformado, en la actualidad, por cerca de 250 empresas , que dan trabajo a unos 15.000 trabajadores, sólo en Argentina. Algunas de ellas estuvieron presentes en Marsella, como Textiles Pigüé, un emprendimiento argentino que acaba de conseguir claras victorias en el proceso de expropiación de la fábrica para ponerla en manos de los operarios.
                Así, el Encuentro Euro-Mediterráneo del que hablamos, no es más que la continuidad, en otro territorio, de los cuatro Encuentro Internacionales “La Economía de los Trabajadores” ya celebrados en Buenos Aires, México D.F. y Joao Pessoa (Brasil), en los que el ICEA ya estuvo presente, y que pusieron en contacto a muchos de los participantes en esta ocasión.
                Más allá de los debates, de indudable interés, lo cierto es que las instalaciones de la fábrica francesa se convirtieron en el epicentro de interminables intercambios entre todos los participantes y el numeroso público asistente, pudiéndose apreciar la riqueza y la pluralidad de las perspectivas presentes, y la profunda similitud de los problemas y desafíos que los trabajadores de uno y otro lado del Atlántico, enfrentamos. Un capital transnacional y fuera de control está empujando, en el marco de su más brutal crisis, a la destrucción de las fuentes de vida las clases subalternas y a la desposesión de todos los derechos y espacios para lo común conseguidos en los últimos siglos de lucha proletaria.
                Es en el marco de esa crisis y de esa apuesta global de las clases dirigentes por el despojo y la devastación de las fuentes de la vida, que la autogestión, como forma de radical democracia económica que devuelve a los productores la soberanía sobre sus propias actividades y sobre una de las principales funciones sociales, se convierte en una alternativa global, no sólo factible, sino ampliamente testada en la práctica.
                La construcción de una “economía de los trabajadores” real y operativa, no es tan sólo el resultado de una configuración ideológica cualquiera, extendida entre la población obrera, sino que es una necesidad material para la subsistencia de amplias capas de lo social. Una necesidad que se afirma más allá de las fronteras y de los océanos, y que apunta (con sus contradicciones y dificultades) la posibilidad esencial de una forma de relación social y productiva liberada del trabajo asalariado y de la explotación, y construida sobre los principios de la cooperación y el apoyo mutuo.  En construir esa posibilidad, precisamente, estamos embarcados.

                José Luis Carretero Miramar.



               




Perspectivas para una economía autogestionaria. Apostando por el futuro



(Versión original en castellano del artículo 

"Perspektiven für eine selbstverwaltete Wirtschaft",publicado en el número 222 de la revista alemana Direkte Aktion -ver al artículo más abajo) 


Por José Luis Carretero Miramar, profesor, miembro del Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión (ICEA) y autor del libro “La autogestión viva. Proyectos y experiencias de la nueva economía al calor de la crisis” (Queimada Ediciones. Madrid. 2013).


Gritos, lamentos, insultos. Las porras policiales suben y bajan. La gente suda, la sangre se derrama, alguien llora, el grupo de hombres y mujeres sentados, con sus brazos entrelazados, trata de aguantar unido la embestida de los agentes de la ley que, acompañados de los funcionarios judiciales y de los ufanos abogados del Banco propietario del inmueble, van a proceder al desahucio de una familia en un barrio popular de Madrid.
Algo así ya ha ocurrido centenares de miles de veces, en las ciudades y pueblos de España, desde el inicio de la crisis. Es una estampa que se repite, una escena recurrente de miedo, dolor y desesperación, animada en ocasiones por los destellos de la extraña dignidad de gentes que, pese a todo, intentan resistir, defender sus casas, los juguetes de sus hijos, los sueños rotos de los años de bonanza.
Es la crisis, las sacudidas de un capitalismo senil y fuera de control. Según cifras oficiales, ya hay tres millones de ciudadanos griegos sin derecho a la asistencia sanitaria, y otros 3.300.000 están a punto de perderlo. En España, 400.000 personas han visto desaparecer su puesto de trabajo en las Administraciones Públicas (en su gran mayoría en el entorno de los servicios sociales municipales o en las áreas de la Sanidad, la Educación o la atención de la dependencia) desde el inicio de la crisis. En un país que ya superaba los seis millones de parados, en los nueve primeros meses de 2013, se presentaron 21.949 procedimientos colectivos de  regulación de empleo que afectaron a 292.706 personas. Recientemente, más de 3 millones de personas han engrosado las filas de la pobreza severa (menos de 307 euros al mes) en el Estado Español, mientras la situación de riesgo de pobreza (retribuciones de menos de 7040 euros anuales)  es compartida por el 28, 2% de la población.
A nivel global, pese a las afirmaciones triunfalistas de vuelta al crecimiento, la situación no es mucho mejor. Según la OIT, desde 2007,  13 millones de mujeres han perdido sus empleos, y más de la mitad de las que trabajan lo hacen en situación de evidente precariedad laboral, mientras los recortes y privatizaciones se han cebado principalmente con los servicios públicos y sociales que permitían liberar, parcial y episódicamente, a las mujeres de las actividades de cuidado de dependientes y familiares que nuestra sociedad global, de una forma u otra, les impone.
¿Y las alternativas? Para la derecha están claras: abono de las deudas, reformas económicas en la forma de flexibilidad laboral; descentralización productiva (contratas, subcontratas, trabajo para-subordinado, trabajo migrante, becas estudiantiles no remuneradas y sin protección social, minijobs…la creatividad gerencial parece no tener límites); privatizaciones, desmantelamiento de los servicios públicos, cerrojazo final al llamado Estado de Bienestar, que en muchas partes del mundo no llegó a existir realmente; autoritarismo político y social, represión descarnada, con la sombra del “derecho penal del enemigo” ahogando toda forma de protesta…¿El social-liberalismo? Esencialmente la misma receta: reformas, memorándums, recortes, pero, eso sí, con un poco más de libertades civiles en aspectos no directamente políticos.
La única alternativa que parece apuntar la izquierda es una vuelta a un keynesianismo mutilado. Estímulo público de la economía, regulación de la banca, fiscalidad progresiva, tasación de las transacciones financieras internacionales, reestructuraciones de la deuda…pero nada de entrar a discutir las reformas laborales que pretenden transformar a Europa en un territorio de maquilas, ni la distribución de la propiedad y el poder en el seno de los centros de trabajo o la democratización consecuente de los procesos de gestión de los servicios públicos que han conseguido sobrevivir a la fiebre privatizadora. Un modelo de Estado fuerte keynesiano en el seno del mercado global y de los circuitos transnacionales de valorización.
Ahí residen precisamente sus límites. En el marco de la crisis global y polifacética del modo de producción capitalista (que no se agota en el huracán financiero del 2008, sino que alcanza a lo más profundo de su cultura, su estructura económica y su adaptación ecológica al mundo natural y a las fuentes de la vida, conformando una auténtica crisis de civilización para los próximos decenios) la estrategia keynesiana de vuelta atrás al Estado del Bienestar y al crecimiento sin fin, no tiene recorrido más que a corto y, quizás, medio plazo.
Ya no es tan fácil diferenciar un “capitalista bueno” productivo de un “capitalista malo” especulativo, para favorecer al primero, ni hay alternativas reales a corto plazo para hacer frente, en una dinámica de crecimiento continuado de la economía, al peak oil y al resto de procesos de agotamiento de los recursos naturales que alimentan la producción global. Un nuevo ciclo mundial de acumulación, unos nuevos “treinta gloriosos” y la generalización de la sociedad de consumo al estilo occidental, entrarían en abierta contradicción con los límites naturales del ecosistema, además de constituir un escenario que la clase dirigente, en su conjunto, ni desea ni favorece, embriagada como está con los saqueos de los últimos tiempos.
Así pues, las únicas alternativas factibles, al régimen de la deuda y del despojo, al empobrecimiento de las poblaciones y a la dictadura de las oligarquías financieras, pasan por el inicio de un proceso de transición, gradual y conflictivo, pero decidido, a otro tipo de arquitectura social. Una basada en lo que reclaman, fundamentalmente, las multitudes que han salido en las calles en estos años de crisis. Lo que se pedía en las Plazas (Puerta del Sol, Taksim, Tahrir..), lo que se exigía, exponiendo el cuerpo ante la violencia policial, desde Atenas a Río de Janeiro, desde New York a las calles de Lisboa: democracia. Es decir, que todos podamos decidir, que las poblaciones decidan por si mismas su destino y sus formas de relación mutua.
Pero decidir no es tan sólo tener unos representantes que, bien acunados por los poderes financieros globales, lo hagan por ti. La democracia no se agota (más bien ni se la ve) en los Parlamentos, en los partidos, en las magias de la representación y el voto. Democracia es lo que hacían las multitudes de desempleados argentinos cuando, ante la crisis, decidían cortar las autovías; las primeras asambleas populares de barrio del Movimiento 15-M madrileño; las comunidades zapatistas, donde se manda obedeciendo…
¿Existe por tanto, también, una alternativa económica? ¿Una democracia productiva? No sólo existe sino que está desarrollándose, creciendo, expandiéndose ante nuestros propios ojos en toda una miríada de proyectos populares autogestionarios que nos rodean y que, cada vez más, pugnan por convertirse en una alternativa real en el momento del despojo y de la devastación de los servicios públicos.
Existe una alternativa y se está haciendo en las calles. No es algo teórico, y no depende tan sólo de afortunadas formulaciones, de dignos estudios etnográficos  e históricos, o de estadísticas rigurosas. Ahí, en los poros de esta sociedad, “el movimiento real que abole el actual estado de las cosas” va desplegándose, aprendiendo, expresándose, de manera cada vez más perentoria.
Posemos nuestra mirada en experiencias concretas, en proyectos reales y encarnados en personas con cara y ojos, con ternuras y, también, con buenos y malos días.
Hablemos, por ejemplo, del periódico madrileño Diagonal, producto de los movimientos sociales de la Capital del Estado Español. Un quincenal de funcionamiento autogestionario que edita una tirada cercana a los 15.000 ejemplares y se vende en los kioskos, que tiene su origen, hace más de una década, en un simple folio doblado y fotocopiado que se repartía en el populoso mercado del Rastro madrileño, entre los puestos de artesanía y los tenderetes de ropa usada. Una iniciativa que acaba de llevar a cabo un proceso de crowfunding, entre otras actividades para obtener la financiación necesaria para poder sobrevivir y aumentar su dimensión.
 También podemos mencionar, por seguir con los ejemplos, la cooperativa de crédito Coop57. Un proyecto colectivo constituido inicialmente con parte de las indemnizaciones  por despido que les correspondieron a los trabajadores de la editorial barcelonesa Bruguera. Se trata de una sociedad conformada por distintas entidades que permite financiar proyectos autogestionarios, ecológicos y de la economía social y solidaria, a intereses menores de los de mercado; y en la que los particulares también pueden depositar cantidades, sabiendo a que van a ser dedicadas a ello. Crédito ético, financiando proyectos populares.
O la Cooperativa Integral Catalana, un intento de conformar una red global que se quiere capaz de permitir hacer una vida entera al margen del capitalismo, conformada, por ejemplo, por iniciativas productivas, ecoxarxas, ecoaldeas, una cooperativa de crédito o un Centro de Salud holística autogestionado.
Pero, por supuesto, no vamos a hablar sólo del Estado Español, aunque en él este tipo de iniciativas han crecido claramente en estos últimos años de crisis. En otros sitios, como América Latina, las cosas empezaron a suceder ya antes: tanto el inmisericorde ataque de los mercados contra las clases trabajadoras y el conjunto de la sociedad, como la irrupción de los gérmenes y el fermento de la “nueva economía”.
Así, en Argentina, alrededor de la explosión social del año 2001, se multiplicaron las llamadas “recuperaciones” de fábricas que iban a ser cerradas por sus dueños, y que los trabajadores mismos, tras arduas jornadas de ocupación de los centros de trabajo y luchas sociales, procedieron a hacer funcionar de forma autogestionada.  Emprendimientos como la mítica FaSinPat (Fábrica Sin Patrón, anteriormente Zanón, en la ciudad de Neuquén), la imprenta Chilavert, la Gráfica Patricios o la metalúrgica IMPA, son de sobra conocidos. Actualmente, según datos del Programa Facultad Abierta de la Universidad de Buenos Aires, dedicado al estudio y asesoramiento de estas experiencias, más de 10.000 personas siguen trabajando en Argentina en empresas recuperadas.
Podríamos poner muchos más ejemplos de los mismos u otros países (Brasil, Grecia, Francia, Italia, Uruguay, Egipto…). Quien quiera acceder a una pequeña panorámica de estas iniciativas, y un poco de reflexión sobre ellas, desde una perspectiva divulgativa, también puede dirigirse a mi último libro: “La autogestión viva. Proyectos y experiencias de la otra economía al calor de la crisis”, publicado recientemente en España por Queimada Ediciones (una editorial con un origen cooperativo, creada en plena Transición española –años 70- por un grupo de trabajadores de Artes Gráficas ligados al movimiento libertario, que ha vuelto a abrir sus puertas al calor del Movimiento 15-M, http://www.queimadaediciones.es/)
Se trata, pues, de una miríada de proyectos concretos y reales que están haciéndose ante nuestros ojos, que están conformándose ahora mismo en nuestras calles y pueblos. Pero que afrontan, también, numerosos peligros, como su desarrollo a la imagen y semejanza de las instituciones del propio mercado capitalista  con el que tienen que competir (profesionalización de la gestión, control de información interna, separación marcada entre dirigentes y dirigidos…), como ha pasado con parte del propio movimiento cooperativo; o como su estructuración como una simple red de “autogestión de la miseria”, subcultural y marginal, donde individuos sometidos a la mayor precariedad no hagan otra cosa que gestionar, mal que bien, lo que ni los capitalistas quieren, lo que no nos roban, simplemente porque no es viable.
Pero todas estas experiencias y proyectos no significarán nada sino son capaces de articularse fuertemente entre sí y con las luchas obreras y populares. Es necesario densificar lo que ya existe, interrelacionar las cooperativas, las redes, las aldeas ocupadas, las fábricas autogestionadas, y ello de una manera transnacional y capaz de trascender las fronteras entre Norte y Sur, Centro y Periferia, del sistema económico global. Sólo desde el apoyo mutuo, y desde la incardinación de las experiencias económicas con el conjunto de las luchas sociales (por más democracia, por la abolición de las leyes represivas y autoritarias, por la resistencia ante las privatizaciones y la precariedad laboral  y social, por la defensa del territorio y del ecosistema …) pueden las prácticas constructivas de la multitud convertirse en una auténtica alternativa global coherente y capaz de acumular la suficiente fuerza.
Construir una alternativa global…eso es, precisamente, lo que lleva gestándose en los últimos decenios de luchas y de experiencias autogestionarias. Hay perspectivas concretas, “clásicas” e hiper-modernas que ya han planteado tesis claras (pero en ocasiones incompatibles parcialmente) en torno a cómo sería una sociedad controlada por los propios productores, una democracia directa y asamblearia, incluso en lo económico.
Se dibujan, principalmente, dos tipos de perspectivas. La primera: la conformación de una tupida red de organismos asamblearios que, desde lo local y desde los centros de trabajo, vayan federándose, mediante mecanismos de mandato imperativo y revocabilidad de las delegaciones, para permitir la planificación participativa de la vida económica. El modelo clásico, por otra parte, del anarcosindicalismo, pues ya la CNT planteaba en su Congreso de Zaragoza de 1936, la articulación social a la imagen y semejanza del funcionamiento interno, basado en el federalismo y la democracia directa, de su estructura sindical. Un modelo que ha sido, también, revisitado con las inevitables modificaciones, dado el tiempo transcurrido, por perspectivas como la de la Democracia Inclusiva, defendida por Takis Fotopoulos.
 La otra: un poco más complicada. Sabiendo los límites mostrados por la realidad misma de la planificación en las circunstancias concretas en que ha sido puesta en marcha, conociendo que ningún organismo central, por participativa y flexible que sea la estructura que lo sustenta, puede tener todos los conocimientos y toda la información necesarios para tener una visión acertada y al tiempo global de la vida económica, cabría hacer espacio a la necesidad de formas de mercado más o menos “libre” entre cooperativas, iniciativas locales y trabajadores autónomos, ya que el mercado puede garantizar una mayor flexibilidad y rapidez en la asignación de recursos en casos concretos. Por supuesto, donde hay mercado hay competencia y, por tanto, ganadores y perdedores, lo que impone la necesidad de generar paralelamente un amplio campo de organismos reguladores, bajo la tutela de la comunidad en general organizada democráticamente, y de servicios sociales comunales que permitan hacer de colchón y reintegrar a la vida productiva a los trabajadores de las empresas no viables. Una perspectiva adelantada en su momento por el economista libertario Abraham Guillén, combatiente cenetista en la Guerra Civil española y, posteriormente, asesor e inspirador de numerosos movimientos sociales y guerrilleros latinoamericanos.
Pero también hay en este momento, en pleno desarrollo, otras perspectivas, como la de la Economía Participativa (Parecon), divulgada por economistas y estudiosos anglosajones como Michael Albert o Robin Hahnel, que hace hincapié en cosas tan interesantes como la distribución de “paquetes integrados” de tareas manuales e intelectuales para cada puesto de trabajo, para que, en un contexto de autogestión generalizada, la división del trabajo necesaria para la producción no genere nuevas jerarquías en el interior de las unidades económicas; o los marcos de análisis desarrollados en América Latina, como los investigados por Andrés Ruggeri o Danigno en torno a la “adecuación sociotécnica” entre la producción autogestionaria y el tipo concreto de tecnología laboral a utilizar y a desarrollar en dicho contexto, ¿son las mismas las máquinas –o el uso de las máquinas- que deben desplegarse en la producción autogestionaria que en el mercado capitalista? ¿No han sido muchas veces diseñadas en un marco en que ciertas posibilidades –la cooperación, la comunicación entre los operarios- trataban de evitarse, mientras otras –la vigilancia, el control externo- se fomentaban, sin un sentido propiamente productivo?
Proyectos e iniciativas, también, para construir un marco de análisis sobre la autogestión y la economía colectiva desde el anarcosindicalismo y el movimiento libertario, como el Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión (ICEA), organismo creado en el Estado Español que ha realizado en los últimos años numerosos textos sobre el tema, impartido conferencias y cursos, organizado actividades y Jornadas, asesorado en temas variados a experiencias concretas y  colaborado con medios de comunicación, como el propio periódico Diagonal ya citado, en la divulgación del pensamiento económico alternativo, libertario y cooperativo.
Si, como decimos, una nueva sociedad está gestándose en los poros de nuestro actual capitalismo senil tal y como se gestó la propia sociedad burguesa en los intersticios del Antiguo Régimen, esa nueva sociedad necesita de un pensamiento y una capacidad de plantear objetivos y visiones globales a la altura de los desafíos de un siglo XXI que amenaza con ser convulso y preñado de amenazas y posibilidades.
Se trata, pues, de edificar un nuevo pensamiento transformador adaptado a un mundo que muta aceleradamente. Nuevas perspectivas basadas en el análisis de las prácticas efectivas llevadas a cabo por las poblaciones cuando luchan y cuando tratan de construir nuevas realidades, más que en el desarrollo deductivo, abstracto y puramente teórico de principios o dogmáticas inamovibles.
Las luchas populares, los levantamientos de los explotados y los oprimidos han existido siempre. La diferencia cualitativa, esencial, que ha aportado el movimiento obrero en sus vertientes socialistas revolucionarias, ha sido la posibilidad de sistematizar y organizar las experiencias de resistencia. Sabemos ahora de las luchas campesinas del Renacimiento, por ejemplo, porque trabajadores intelectuales y sindicalistas recuperaron y organizaron la transmisión de esa tradición. Y, además, tenemos otras cosas: la memoria de los últimos siglos de luchas contada por sus protagonistas, no por los vencedores; la idea generalizada de que es necesario organizarse y mantenerse en guardia permanentemente para no perder derechos, para no caer en la tiranía más absoluta.
Es el momento de reapropiarse de esas tradiciones y alumbrarlas al calor de lo nuevo. De pensar si dogmas ni rigideces sobre las prácticas efectivas de las clases populares y de insertar ese pensamiento en el seno de esas mismas prácticas por medio de un amplio diálogo con ellas.
En el plano económico es el momento, pues, de trabajar sobre el concepto de la democracia económica (la autogestión) que hoy, ahora, está más vigente que nunca, ya que las propias poblaciones acosadas por la devastación neoliberal se lo apropian como una precaria tabla de salvación frente a la debacle ecológica y social. Perfilarlo, adaptarlo a la realidad efectiva, problematizarlo, popularizarlo,  generalizarlo.
Acompañar las luchas con la construcción de una alternativa global y de conjunto que muestre la vitalidad de unas clases populares que, pese a décadas de derrota o marginación, nunca han abandonado la partida. Y están más vivas que nunca.
Madrid, 4 de enero de 2014.


José Luis Carretero Miramar.






















Auf die Zukunft setzen!

Auf die Zukunft setzen!

Perspektiven für eine selbstverwaltete Wirtschaft

Ein Text von José Luis Carretero Miramar, Professor, Mitglied des Instituts der Wirtschaftswissenschaften und der Selbstverwaltung (ICEA) und Autor des Buches „Die lebendige Selbstverwaltung – Projekte und Experimente der neuen Wirtschaft in der Hitze der Krise“ (Queimada Ediciones, Madrid, 2013)
Schreie, Klagen, Beleidigungen. Die Polizeiknüppel erheben sich und schnellen herunter. Die Leute schwitzen, das Blut fließt, jemand weint. Die Gruppe der sitzenden Männer und Frauen mit eingehakten Armen versucht zusammen den Angriff der PolizistInnen abzuwehren, die in Begleitung der richterlichen BeamtInnen und der hochmütigen AnwältInnen der Immobilieninhaberbank dabei sind, die Zwangsräumung einer Familie aus ihrer Wohnung in einem ärmlichen Stadtviertel von Madrid zu vollstrecken.
So etwas ist schon hunderttausend mal seit Beginn der Krise in den spanischen Städten und Dörfern geschehen. Es ist ein sich wiederholendes Muster, eine wiederkehrende Szene der Angst, des Schmerzes und der Verzweiflung. Manchmal wird dieses erschreckende Szenario ermuntert durch die verwunderliche Würde von Menschen, die trotz allem versuchen Widerstand zu leisten, ihre Häuser, die Spielsachen ihrer Kinder, die geplatzten Träume aus den Jahren des Wohlstands zu verteidigen.
Es ist die Krise, die Erschütterung eines senilen, aus der Kontrolle geratenen Kapitalismus. Laut offiziellen Zahlen gibt es schon drei Millionen griechische Bürger ohne Recht auf ärztliche Betreuung und weitere 3.300.000 stehen kurz davor, diese zu verlieren. In Spanien haben seit Beginn der Krise 400.000 Personen in der öffentlichen Verwaltung ihre Arbeitsstelle verloren (hauptsächlich im Umfeld der kommunalen öffentlichen Fürsorge oder in den Bereichen der Gesundheit, der Erziehung oder der Altenpflege). In einem Land, das schon die Zahl von sechs Millionen Arbeitslosen überschritten hat, gab es in den ersten neun Monaten des Jahres 2013 21.949 kollektive Verfahren der Massenentlassung, die 292.706 Personen betrafen.
Vor kurzem haben mehr als drei Millionen Personen in Spanien die Zahl derjenigen in die Höhe getrieben, die unter akuter Armut (Einkommen weniger als 307 Euro pro Monat) leiden, während die Situation des Armutsrisikos (Einkünfte unter 7040 Euro im Jahr) von 28,2% der Bevölkerung geteilt wird.
Auf globalem Niveau ist, trotz der triumphalen Bestätigungen der Rückkehr zum Wirtschaftswachstum, die Situation nicht viel besser. Laut der Internationalen Arbeitsorganisation(ILO) haben seit 2007 13 Millionen Frauen ihren Arbeitsplatz verloren und mehr als die Hälfte der arbeitenden Frauen befindet sich in einer evident prekären Arbeitssituation. Gleichzeitig betreffen die Kürzungen und Privatisierungen hauptsächlich die öffentlichen und sozialen Dienste, die es ermöglicht hatten, dass Frauen teilweise und vorübergehend von ihren Beschäftigungen der Pflege von Pflegebedürftigen und Familienangehörigen – welche ihnen die globale Gesellschaft auf die eine oder andere Weise aufzwingt – befreit wurden.
Und was sind die Alternativen?
Für die politische Rechte stehen sie fest: dauerhafte Verschuldung, wirtschaftliche Reformen in Form von mehr Arbeitsmarktflexibilität, Produktionsdezentralisation (...), Privatisierungen, Abbau der öffentlichen Dienste, endgültiger Abschied vom sogenannten Wohlfahrtsstaat (welcher in weiten Teilen der Welt nie wirklich existiert hat), politischer und sozialer Autoritarismus, offene Unterdrückung im Schatten des klassischen Strafrechts, welches jeden Widerstand im Keim erstickt... – und der Sozialliberalismus? Im Wesentlichen das gleiche Rezept: Reformen, Memoranden, Kürzungen, aber zumindest mit ein bisschen mehr bürgerlichen Freiheiten, verpackt in entpolitisierte Diskurse.
Die einzige Alternative, auf welche die Linke scheinbar abzielt, ist eine Rückkehr zum deformierten Keynesianismus. Das bedeutet öffentliche Ankurbelung der Wirtschaft, Regulierung der Banken, progressive Fiskalität, Einschränkung der internationalen finanziellen Transaktionen, Umstrukturierung der Schulden. Dennoch ist nichts zu sehen von einer Diskussion über die Arbeitsmarktreformen, die darauf abzielen, Europa in ein Territorium der exportorientierten Sklavenfabriken zu verwandeln. Keine Eigentums- und Machtumverteilung in den Betriebsstätten, auch nicht die konsequente Demokratisierung der Leitungsprozesse der öffentlichen Dienste, die das Privatisierungsfieber überlebt haben, sondern ein keynesianisches Modell des starken Staates im Schoß des globalen Marktes und der transnationalen Bewertungskreise. Genau hier verlaufen die Grenzen. Im Rahmen der globalen vielschichtigen Krise1 der kapitalistischen Produktionsweise hat die Strategie von einer Rückkehr zum Wohlfahrtsstaat mitsamt seinem Mythos vom unendlichen Wachstum keine andere Möglichkeit, auf kurz oder lang diesen Weg zu gehen.
Es fällt dabei immer schwerer, den sogenannten produktiven „guten Kapitalismus“ vom spekulativen „bösen Kapitalismus“ zu differenzieren. Um dem erstgenannten eine Chance zu geben, fehlt es an der Dynamik eines kontinuierlichen Wirtschaftswachstums. Es gibt scheinbar keine realen, kurzfristigen Optionen, um der globalen Ausbeutung von natürlichen Ressourcen, wie der globalen Ölförderung, die Stirn zu bieten. Ein neues globales Jahrhundert der Akkumulation im Stile der goldenen 30er Jahre hat allem Anschein nach begonnen. Die Entwicklung hin zu einer allumfassenden Konsumgesellschaft westlicher Prägung scheint die Klasse der Regierenden geradezu zu berauschen. Ob es nun gewollt ist oder nicht: dies steht eindeutig im Widerspruch zu den vorhandenen natürlichen Grenzen des Ökosystems.
Deshalb sind die umsetzbaren Alternativen, die nicht mit Schulden, Plünderung, Verarmung und Diktatur durch Finanzoligarchen einhergehen, eng mit dem Beginn eines Prozesses der gesellschaftlichen Transformation verbunden. Diese schrittweise Änderung, jener sozialen Struktur, wird möglicherweise konfliktgeladen sein. Das Bedürfnis nach einer anderen sozialen Struktur wird vermutlich konsequent verfochten werden. Es wird die Forderung nach einer Struktur sein, die auf den Massen, die in den Jahren der Krise auf die Straße gegangen sind, basiert. Das was an Forderungen auf den Plätzen dieser Welt (Puerta del Sol, Taksim, Tahrir...) bereits erbeten wurde, das was im Angesicht drohender und ausgeübter Polizeigewalt, von Athen bis Río de Janeiro, von New York bis in die Straßen von Lissabon, gefordert wurde: Demokratie. Es bedeutet, dass wir alle entscheiden können. Menschen wollen über ihr Schicksal und die Formen ihrer wechselseitigen Beziehungen selbst bestimmen.
Allerdings reicht es nicht aus, RepräsentantInnen zu haben die (gestärkt durch die globalen Finanzmärkte) für einen entscheiden. Demokratie erschöpft sich nicht in den Parlamenten, den Parteien und durch die Irreführungen einer Repräsentation: sie ist dort meist gar nicht anzutreffen...
Echte Demokratie ist beispielsweise das, was die Massen der argentinischen Arbeitslosen umsetzten, als sie sich im Angesicht der Krise entschieden, die Autobahnen zu besetzen. Oder die ersten Stadtteilversammlungen der „Bewegung 15. Mai“ und die zapatistischen Gemeinschaften. Demokratie ist nicht dort, wo man gehorchen befiehlt...
Existiert aber damit auch eine ökonomische Alternative?
Eine produktive Demokratie? Sie existiert nicht nur, sondern sie entwickelt sich, wächst und breitet sich vor unseren Augen aus. Und zwar in unzähligen öffentlichen, selbstverwalteten Projekten, die uns umgeben. Diese selbstverwalteten Projekte kämpfen für eine reale Alternative in Zeiten zunehmender Plünderung und Zerstörung von öffentlichen Einrichtungen. Die Alternative existiert und vollzieht sich in den Straßen. Es hat nichts Theoretisches und hängt weder von beschönigenden Formulierungen tadelnswerter, ethnografisch-historischer Studien ab, noch von rigorosen Statistiken. In den Poren dieser Gesellschaft breitet sie sich aus, lernt und drückt sich immer dringlicher aus: „die reale Bewegung, die den aktuellen Stand der Dinge abschafft“.
Lenken wir nun unseren Blick auf konkrete Erfahrungen, die auf realen Menschen beruhen: Beispielsweise die Madrider Zeitung Diagonal, deren Redaktion selbstverwaltet und Teil der sozialen Bewegung ist. Sie erscheint 14-tägig mit einer Auflage von 15.000 Exemplaren und ist an Kiosken erhältlich. Die Anfänge von Diagonal reichen zurück auf die Produktion von Flugblättern, welche auf dem lebhaften Madrider Markt „El Rastro“ zwischen Künstlerbuden und Ständen für Second-Hand-Kleidung unter die Menschen gebracht wurden. Vor kurzem wurde per Crowdfunding Geld gesammelt, eine größere Auflage zu finanzieren.
Wir sollten in diesem Zusammenhang nicht die Kreditkooperative Coop57 vergessen. Das kollektiv verwaltete Projekt finanzierte sich anfangs über die Entschädigungen, die den gekündigten MitarbeiterInnen des Bruguera-Verlags in Barcelona ausbezahlt wurden. Es finanziert und unterstützt selbstverwaltete, ökologische und soziale Projekte durch Kredite mit niedrigen Zinsen. Zudem gibt die Kooperative Privatpersonen die Möglichkeit, kleinere Beträge zu investieren, die dann wiederum Unternehmen zur Verfügung gestellt werden können.
Ein weiteres Beispiel ist die Katalanische Integrale Kooperative (Cooperativa Integral Catalana). Diese versucht ein globales Netzwerk aufzubauen, welches ein Leben jenseits des Kapitalismus ermöglichen soll. Die Grundlage bilden hier so genannte ecoxarxas (Tauschnetzwerke für Lebensmittel, Dienstleistungen oder Wissen), Ökofarmen, eine Kreditkooperative sowie ein selbstverwaltetes Gesundheitszentrum.
Auch wenn die Zahl der Beispiele in den letzten Jahren in Spanien stetig anstieg, soll es nicht darüber hinwegtäuschen, dass diese Initiativen noch relativ jung sind. In Lateinamerika hingegen sind diese Tendenzen schon länger vorhanden. Die Ursache hierfür liegt wohl in der gnadenlos ausgeführten Attacke seitens der Märkte, der Keimzelle der sogenannten new economy, auf die Lohnabhängigen. In Argentinien wurden seit der Wirtschaftskrise von 2001 vermehrt Fabriken, die von den „Eigentümern“ geschlossen werden sollen, nach mühsamer Besetzung in Selbstverwaltung überführt. An dieser Stelle seien Unternehmen wie FaSinPat („Fabrik ohne Chef“), vormals Zanón, in der Stadt Neuquén, die Druckerei Chilavert, die Grafikfirma Patricios oder der Metallbetrieb IMPA genannt. Laut einer Studie der „Offenen Fakultät“ der Universität Buenos Aires, welches sich der Erforschung und Beratung selbstverwalteter Betriebe widmet, arbeiten in Argentinien mehr als 10.000 Menschen in den wiederhergestellten Unternehmen.
An dieser Stelle könnten noch zahlreiche weitere Beispiele genannt werden, zum Beispiel aus Brasilien, Griechenland, Frankreich, Italien, Uruguay oder Ägypten. Wem die Ausführungen an dieser Stelle nicht reichen, kann sich darüber hinaus in meinem letzten Buch informieren, welches kürzlich in Spanien von Queimada Edition2 veröffentlicht wurde.
Es geht also um eine Vielzahl konkreter und realer Projekte, die vor unseren Augen entstehen. Aber es ist noch viel mehr als das: Sie trotzen auch der Gefahr, ähnlich konkurrenzbasierte Mechanismen zu entwickeln, wie sie für Institutionen des kapitalistischen Marktes typisch sind (professionelle Geschäftsführung, Kontrolle des internen Informationsfluss, Hierarchien), was in weiten Teilen der Genossenschaftsbewegung schon geschehen ist. Ebenso trotzen sie der Gefahr, ein bloßes Netzwerk zu sein, eine „Selbstverwaltung der Armut“, subkulturell und randständig, wo einzig und allein prekäre Individuen versuchen, mehr schlecht als recht zu verwalten, was die KapitalistInnen nicht einmal mehr plündern wollen, da es schlichtweg nicht verwertbar ist.
Alle diese Erfahrungen und Projekte bleiben unbedeutend wenn sie nicht in der Lage sind, sich sowohl untereinander als auch mit Arbeitskämpfen und sozialen Protesten zu solidarisieren. Bestehende Kooperativen, Netzwerke, besetzte Dörfer und selbstverwaltete Fabriken müssen sich in ihrem Handeln jenseits von staatlichen oder wirtschaftlichen Hindernissen verbinden. Nur die gegenseitige Unterstützung durch die Vernetzung der ökonomischen Erfahrungen mit den gebündelten sozialen Kämpfen (für mehr Demokratie, für die Abschaffung repressiver und autoritärer Gesetze, für den Widerstand gegen Privatisierungen und prekäre Arbeitsverhältnisse, für die Verteidigung natürlicher Ressourcen und des Ökosystems...) können sich die konstruktiven Erfahrungen der Massen in eine weltweit kohärente Alternative verwandeln, die genug Kraft hat.
Eine weltweite Alternative aufbauen...
Dies ist genau das, was sich in den letzten, zahlreichen Kämpfen und Erfahrungen aus selbstverwalteten Projekten entwickelt hat. Es gibt klassische und topmoderne Perspektiven. Beide umfassen klare Thesen (zum Teil bei unpassenden Gelegenheiten), die eine mögliche Gesellschaft skizzieren, in der die ProduzentInnen selbstbestimmt handeln und die Demokratie direkt auf Versammlungen praktiziert wird. Auch in wirtschaftlichen Fragen.
Es zeichnen sich im Prinzip zwei verschiedene Perspektiven ab. Die erste: eine engmaschige Vernetzung von versammlungsorientierten Organen, die sich von lokaler Ebene und arbeitsbezogenen Schwerpunkten aus miteinander verbünden. Diese orientiert sich an Mechanismen des imperativen Mandats und der Widerrufbarkeit durch die Delegation, um eine partizipative Planung des ökonomischen Lebens zu ermöglichen. Das klassische Modell des Anarchosyndikalismus sprach die CNT auf ihrem Kongress von Zaragoza 1936 an: über die Vorstellung der Funktionsweise ihrer gewerkschaftlichen Struktur, die auf Föderalismus und direkter Demokratie basiert. Ein Modell, das immer wieder neu, mit unvermeidlichen Veränderungen im Laufe der Zeit, versucht wurde. Mit Perspektiven wie die der umfassenden Demokratie, für die Takis Fotopoulos eingetreten ist.
Die andere Perspektive ist ein bisschen komplizierter: Mit dem Wissen um die Grenzen, welche die Realität gesetzt hat, und der Erkenntnis, dass keine zentrale Organisation (unabhängig von ihrem Maß an Partizipation) über alle Kenntnisse verfügen kann, um eine treffsichere und ökonomisch zeitgemäße Vision zu haben, sollte man der Notwendigkeit von mehr oder weniger „freien“ Formen des Marktes unter den Kooperativen, lokalen Initiativen und selbstständigen ArbeiterInnen Raum geben. Denn der Markt kann eine größtmögliche Flexibilität und Schnelligkeit bei der Einteilung der Ressourcen im Einzelfall garantieren. Natürlich: Wo es einen Markt gibt, gibt es Wettbewerb und somit auch Gewinner und Verlierer. Also ist es notwendig, parallel ein breites Feld an regulierenden Mechanismen zum Schutz der Allgemeinheit aufzustellen. Diese Mechanismen müssen generell, auf kommunaler und sozialer Ebene, demokratisch organisiert sein. Dies soll es erlauben, ein finanzielles Polster anzulegen, welches die Möglichkeit bietet, ArbeiterInnen von nicht überlebensfähigen Unternehmen zu reintegrieren. Eine Perspektive, die im richtigen Moment von dem libertären Ökonom Abraham Guillén hervorgebracht wurde, einem Kämpfer der CNT im spanischen Bürgerkrieg, der als Berater und Ideengeber für viele Sozial- und Guerillabewegungen in Lateinamerika fungierte.
Es gibt aber auch Momente, in denen die Entwicklung ganz andere Perspektiven eröffnen kann. Zum Beispiel die „partizipative Ökonomie“, welche offen für angelsächsische Ökonomen und Gelehrte wie Michael Albert oder Robin Hahnel ist. Hier liegt die Betonung auf interessanten Ideen, wie die der Verteilung von „integrierten Paketen“: einer besseren Verteilung von manuellen und intellektuellen Aufgaben für jeden Job, so dass in einem Kontext der Selbstverwaltung die Arbeitsteilung in der Produktion keine neuen Hierarchien im Sinne von Wirtschaftseinheiten erzeugt. Oder die von Andrés Ruggeri oder Dagnino entwickelten Analyseverfahren, welche die „soziotechnologische Angemessenheit“ des Zusammenhangs zwischen selbstverwalteter Produktion und hochtechnisierter Arbeitstechnologie bis hin zur konkreten Anwendung untersuchen. Sind die Maschinen, die in der selbstverwalteten Produktion bereitgestellt werden, auch die gleichen, die im Rahmen des kapitalistischen Marktes Verwendung finden?
Es ist durchaus vorstellbar, dass in diesem Rahmen Möglichkeiten gefunden werden, durch die eine Zusammenarbeit und Kommunikation zwischen den Betreibern direkt ermöglicht werden könnte. Andererseits werden Kontrolle und Überwachung gerne als notwendig angesehen. Aber trifft es denn auch wirklich zu, wenn man behauptet, dass der positive Effekt einer gesteigerten Produktivität meist nur von stärkerer Überwachung und Kontrolle ausgeht?
Projekte und Initiativen, die einen Rahmen schaffen und gestalten, um Selbstverwaltung und kollektive Ökonomie bis hin zum Anarchosyndikalismus voranzutreiben (wie das Institut der Wirtschaftswissenschaften und Selbstverwaltung (ICEA)) beschäftigen sich schon seit Jahren mit dem, was bereits in Spanien realisiert wurde. Es werden dementsprechend schon seit Jahren zahlreiche Texte über das Thema veröffentlicht, Konferenzen und Seminare abgehalten und mit anderen Medien zusammengearbeitet, um den Gedanken von einer alternativen, libertären und kooperativen Wirtschaft zu stärken.
Wie bereits oben erwähnt, zeichnet sich eine neue Gesellschaft im zusammenbrechenden Kapitalismus ab. Genauso wie das damals aufkeimende Bürgertum, welches das „Ancien Régime“ ablöste, braucht diese neue Gesellschaft neben neuen Ideen auch die Fähigkeit, diese so umzusetzen, dass den Herausforderungen des 21. Jahrhunderts, mit seinen drohenden Umbrüchen und offenen Möglichkeiten, begegnet werden kann.
Es ist daher wichtig, neue Perspektiven zu etablieren
...die sich an eine schnell wandelnde Welt anpassen können. Neue Analysen und Umsetzungen von effizienten Praktiken müssen entwickelt werden. Entwicklungen, die nicht durch bloße theoretische Wunschvorstellungen und Abstraktionen oder dogmatische Prinzipien blockiert werden können. Die allseits bekannten Aufstände der Ausgebeuteten und Unterdrückten haben schon immer existiert, aber der qualitative Unterschied, den die Gewerkschaftsbewegung in den Spuren des revolutionären Sozialismus hinterlassen hat, war immer gekennzeichnet durch die Möglichkeit, Erfahrungen aus dem Widerstand zu organisieren und zu systematisieren. Wir wissen heute, dass beispielsweise die Kämpfe der ArbeiterInnen im Agrarsektor eine Renaissance erleben. Zum einen liegt das daran, dass intellektuelle ArbeiterInnen und SyndikalistInnen sich allmählich wieder auf ihre Traditionen zu besinnen beginnen. Es gibt einige Belege: die Erinnerungen an die vergangenen Jahrhunderte, in denen die Konflikte durch ihre Protagonisten weitergegeben werden konnten. Auch wenn diese nicht als GewinnerInnen hervorgingen – die grundlegende Erkenntnis über die Notwendigkeit sich zu organisieren bleibt. Es gilt nach wie vor wachsam zu bleiben, damit wir nicht unsere Rechte verlieren und durch totalitäre Tyrannei vernichtet werden können. Es ist der Zeitpunkt des Wiederaneignens dieser Traditionen. Vom Denken ohne Dogmen oder Rigiditäten, über Praktiken der ArbeiterInnen-klasse. Anstatt dieses Wissen nur innerhalb dieser Klasse zu konservieren, sollte dieser Gedanke mit seinen Praktiken durch einen breiten Dialog in der Allgemeinheit etabliert werden. Aus wirtschaftlicher Sicht ist es heute mehr denn je an der Zeit, um an dem Konzept Wirtschaftsdemokratie (Selbstmanagement oder Selbstverwaltung) zu arbeiten. Mehr denn je, da die Menschen, die durch die „neoliberale Verwüstung“ betroffen sind, dieses Konzept zwar nutzen, aber nur um aus ihrer unmittelbaren Situation einen Ausweg zu finden und dem drohenden ökologischen und sozialen Kollaps entgegenzuwirken. Es ist deshalb notwendig, dieses Konzept zu formen, es der Realität anzupassen, es zu diskutieren, zu verbreiten und zu vermitteln.
Lasst uns die Kämpfe um den Aufbau einer globalen Alternative begleiten, gestalten und die jahrzehntelange Ausgrenzung oder Marginalisierung beenden. Lasst uns stattdessen die Lebendigkeit der ArbeiterInnenklasse fördern. Denn diese ist lebendiger als je zuvor.
Madrid, 4. Januar 2014
José Luis Carretero Miramar
[1]  ...die nicht mit dem finanziellen Kollaps 2008 ihr Ende fand, sondern an ihrer innersten Eigenschaft, ihrer wirtschaftlichen Struktur und wirtschaftlichen Anpassung an die natürliche Umwelt und somit an den Lebensgrundlagen, ankam. Die fortschreitende kapitalistische Produktionsweise formt eine authentische Zivilisationskrise für die kommenden Jahrzehnte.
[2] Ein Verlag genossenschaftlicher Herkunft, in den 1970ern nach der Diktatur von einer Gruppe von Grafikern aus der anarchistischen Bewegung gegründet und auf dem Höhepunkt von „15M“ wiedereröffnet wurde.
Übersetzung: Phil Leicht, Henry Ortega, Caro, Benjamin Most
Dieser Artikel erschien zuerst in der Direkten Aktion #222 - März / April 2014