miércoles, 31 de diciembre de 2014

Renta básica universal o trabajo garantizado - Economía Directa 25-12-2014

Hoy centramos el debate en una de las propuestas más debatidas en los últimos meses, como es la renta básica en sus distintas formulaciones, y el trabajo ga antizado, que se ha formulado desde distintos foros como una alternativa a la renta básica universal. Con José Luis Carretero y Jorge Amar. Conduce Juan Carlos Barba.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Charla: Construyendo una estrategia de salida del capitalismo


Mi charla para el Grupo de Consumo de la CNT de Toledo, el pasado 8 de noviembre. Espero que la disfrutéis.



lunes, 22 de diciembre de 2014

Alternativas revolucionarias a un capitalismo en crisis (por Enric Llopis)


CGT-Valencia celebra las XVI Jornadas Libertarias
Alternativas revolucionarias a un capitalismo en crisis



En una línea puramente keynesiana, la izquierda tradicional (pero no únicamente) plantea como salida a la actual crisis el estímulo a la demanda, el crecimiento económico (mesurado con un indicador tan discutido como el PIB), la creación de empleo y la reactivación del consumo. Pero ¿es posible una vuelta atrás en la historia, a los treinta años “gloriosos” del capitalismo occidental de la posguerra? La otra posibilidad -transformadora, revolucionaria- consiste en promover experiencias autogestionarias y basadas en la asamblea, que desde el origen rompan con el modo de producción capitalista. La dicotomía se ha planteado en la última sesión de las XVI Jornades Llibertàries de CGT-València, titulada “L'Eixida és revolucionària”.

El abogado y escritor José Luis Carretero ha apostado, desde un punto de vista libertario, por la segunda de las opciones. Para ello, ha empezado por considerar algunos errores que se cometen desde el campo libertario y que convierten a veces las alternativas en “cantos de sirena”. En primer lugar, la acción social y política ha de basarse en la pedagogía, es decir, superar la tentación de impartir la “clase magistral” desde la presunta sapiencia del púlpito. Vendría a afirmarse: “Nosotros tenemos toda la verdad desde 1936”. El segundo error consiste en hacer lo contrario: adular a la gente. Pensar que todos los discursos son igual de válidos. Pero “hay que problematizar y establecer el diálogo con las clases populares para destruir el sistema capitalista”.

Desde una perspectiva libertaria, las alternativas hay que construirlas desde la base, no desde las instituciones. Es muy importante la organización, pero también construir experiencias autogestionarias que prefiguren el mundo posible que se reivindica. No sólo actuar a la contra. “Aunque seamos conscientes de que estos proyectos tienen límites dentro de una sociedad capitalista, se trata de aprendizajes y prácticas que sirven para expandir nuestro mundo, y expansionarnos nosotros por el camino”. La diferencia que se pretende no es meramente cuantitativa, también lo es cualitativa. Porque, afirma José Luis Carretero, “el neoliberalismo nos enseña que los individuos somos mera vida líquida que en un momento dado se agregan o no para formar determinadas mayorías”.

En un mundo triturado por la crisis, y con un florecimiento de pequeñas iniciativas autogestionarias, José Luis Carretero recuerda las palabras de Durruti: “Sabemos que no vamos a heredar más que ruinas, porque la burguesía trata de arruinar al mundo en la última fase de su historia. Pero te repito que no nos dan miedo las ruinas, porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Y ese mundo está creciendo en este instante”. Nos hallamos, según el abogado y escritor, en “una transición que nos llevará a un mundo muy distinto”. Repite verdades que parecen de perogrullo, pero que son la esencia del problema. “Una de las grandes derrotas de la izquierda ha sido la batalla cultural, es decir, que la gente vea como imposible el cambio de sistema”. Y atisba una posible salida al cenagal: “Hemos de estar en la política pero también en la vida, en la cultura, en la poesía y el teatro... Para construir un nuevo arte de vivir que dé sentido a todo lo que hacemos”.

En las XVI Jornadas Libertarias de CGT-Valencia han encontrado un espacio los proyectos que se despliegan en la práctica, a pie de calle. Uno de ellos, muy conocido en los últimos años, es el de la fábrica recuperada Vio.Me de Tesalónica, que tras dos años de lucha empezó a funcionar de manera horizontal y sin empresarios en febrero de 2013. Los trabajadores ocuparon la fábrica, que comenzó a funcionar bajo control obrero. A estos operarios de la antigua Viomijanikí Metaleftikí (metalúrgica), filial del grupo Philkeram Johnson (dedicado a la fabricación de azulejos y materiales de construcción) se les adeuda los salarios. Desde el primer momento los trabajadores de Vio.Me recibieron el apoyo de numerosos movimientos sociales, trabajadores y organizaciones populares de todo el mundo.

Dimitris trabaja en la factoría autogestionada. Explica que anteriormente tenían que trabajar con abundante material químico, por lo que “además de tomar las riendas de la fábrica, tuvimos que hacernos cargo de nuestra salud y preocuparnos por el medio ambiente”. Otra de las diferencias con la empresa capitalista es que antes las materias primas se obtenían del exterior, mientras que ahora Vio.Me se abastece en Grecia. Los trabajadores han cambiado el funcionamiento de la empresa y los modos de producción: fabrican productos de limpieza, detergentes y jabones naturales. “Les dijimos a los jefes: si no podéis vosotros, podemos nosotros. Quedaos en vuestras casas”, explica Dimitris. Además, “vigilamos las 24 horas para que no se nos confisquen por orden judicial los materiales; lo limpiamos todo y producimos con las máquinas que había en la fábrica. Algunas salieron a subasta y las compramos a través del sindicato”, añade.

Las palabras, cuando no son simple charlatanería, empujan a la lucha y la resistencia. Según Dimitris, “hemos de olvidar el yo y convertirlo en nosotros; quien lucha puede ganar o perder, pero quien no lucha ha perdido ya”. La batalla de Vio.Me no se plantea aislada de un contexto. Se integra en la pelea contra la explotación de las minas de oro de Calcídica por una multinacional canadiense, o la quema de basuras en el entorno de los pueblos para el lucro privado. Ahora bien, ¿Cuál fue la reacción de los antiguos propietarios ante la ocupación de la fábrica? Además de incitar a la división entre los trabajadores, “reclutaron a algunos de los antiguos compañeros, esquiroles y chivatos”. Hubo también otros compañeros, explica Dimitris, que no quisieron tomar la vida en sus manos. Pero aquello pasó. En cuanto al futuro, “queremos abrirnos a cooperativas y centros sociales en el extranjero que mostraron un especial interés por nuestros productos, y también a activistas solidarios que nos apoyaron desde el primer momento”.

En Oviedo lleva 12 años funcionando el proyecto autogestionado Cambalache. Surgió en 2002 a partir de estudiantes movilizados contra el Plan Bolonia y que pretendían que no se agotara la lucha. El centro social se emplaza en “una ciudad -Oviedo- completamente derechizada y con una total ausencia de iniciativas autogestionadas”, explica Eduardo Romero, miembro del colectivo. A modo de ejemplo, sólo ha contado con una casa Okupa, “La Madreña”, promovida por el 15-M y desalojada hace unos meses. Cambalache podría parecer por la cantidad y diversidad de iniciativas una suma de proyectos diferentes, pero hay una articulación. Por ejemplo, cuenta con una librería, editorial y distribuidora asociativa (un carrito de ruedas y transporte público). Ha editado títulos como “65% agua”, de Isabel Alba. “La mancha de la raza. Carta a un niño rumano”, de Marco Aime; “Paremos los vuelos. Las deportaciones de inmigrantes y el boicot a Air Europa” (Campaña por el cierre de los CIE), “Mi guerra de España”, de Mika Etchebéhère o “El oro de Salave. Minería, especulación y resistencias” (varios autores).

El colectivo cuenta asimismo con un grupo de consumo agroecológico, en un territorio -Asturias- castigado por la crisis de la minería, la siderurgia y también del mundo rural. Desde el inicio de la década de los 80 del pasado siglo, se ha reducido drásticamente el número de productores de leche. Charlas, teatro, presentaciones de libros, exposiciones, asambleas... “Cambalache no nace como un colectivo con una identidad marcada y cerrada, no nace como un centro social anarquista; hemos construido nuestra identidad sobre la práctica, con la actividad autogestionada más que con etiquetas”, explica Eduardo Romero. Desde primera hora se le dio mucha importancia a la formación, “porque además de activismo, en los movimientos sociales tiene que haber pensamiento crítico”, añade Romero.

Fue precisamente la práctica lo que les llevó a la publicación de diferentes materiales y a impulsar la editorial. En Cambalache se distinguen tres líneas de trabajo transversales. El feminismo, ya que “el patriarcado nos atraviesa y está dentro de cada uno de nosotros”, apunta Eduardo Romero. Por eso se publica anualmente la revista La Madeja”, como material de debate. Otro elemento esencial de la actividad es el grupo de consumo agroecológico, incluido en las luchas por el territorio; por ejemplo, frente a la ocupación de tierras por las grandes infraestructuras. Destaca en este punto la batalla contra la explotación de la minería del oro en el occidente asturiano por parte del capital canadiense, a escasos 100 metros de la costa. La publicación de “El oro de Salave” se entiende, así, como herramienta para el debate y la acción. El tercer eje decisivo es la lucha por los derechos de los migrantes. “Aunque la población migrante en Asturias es baja, la presión contra ella es enorme”, subraya el activista. Por eso el colectivo participa en la denuncia de las redadas racistas, los vuelos de deportación (con las campañas de boicot a Air Europa) y la existencia de los CIE. Recuerda Eduardo Romero el reciente vuelo que ha partido con migrantes deportados a Senegal y Mali. Y al que anteceden redadas racistas.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes

En imatges, últim dia de les XVI Jornades Llibertàries de la CGT a València.
Fotos: Equip Comunicació CGT-PV




Fotos festa: Richi i Font


miércoles, 17 de diciembre de 2014

Fetichismo, pseudo-ecologismo y dinero

Publicado en el blog "Economía para Todos" en la web del Periódico Diagonal.


                Entre los múltiples discursos que, hoy en día, florecen en el mundo alternativo y antagonista, no podemos perder de vista aquellos que, de una manera u otra, ponen la centralidad de lo que sucede, de los devenires de un mundo cada vez más irracional y caótico, en cosas como la energía (los combustibles fósiles) o lo financiero (concretamente, en el dinero  en sus distintas formulaciones).
                No negaremos virtualidad a esos discursos: la realidad de la crisis ecológica y del cuello de botella energético, así como del brutal proceso de financiarización de la economía desplegado en las últimas décadas, no pueden desconocerse. Dinero “fiat”, pico del petróleo, reserva fraccionaria y amalgama inescindible entre banca de inversión y banca comercial son ejes centrales de nuestro tiempo. Los derivados lo inundan todo, y la titulización de activos permite la expansión exponencial de las burbujas; el acceso a los recursos fósiles impregna poderosamente las apuestas geopolíticas esenciales y está, también, en el corazón de la crisis civilizatoria que encaramos.
                Pero, pese al enorme interés de muchas de estas aproximaciones, pensamos que todo ello tiene un origen más profundo que, en algunas, que no en todas,  de estas narrativas acaba desapareciendo de la escena y el análisis, así como de la delineación de las posibles alternativas: la explotación humana.
                Que se nos entienda bien: no queremos con esto decir que el crecimiento ilimitado carezca de virtualidad o importancia central en el presente; o que no sea oportuna la experimentación con monedas sociales o con formas de criptomoneda funcionales a las necesidades de los movimientos sociales. Lo que queremos decir es que no cabe, en modo alguno y pese a lo que se acaba asumiendo en muchos ambientes, un decrecimiento sostenible en el marco del proceso de acumulación del Capital ni una forma monetaria que no acabe siendo “puesta a trabajar” para la especulación mercantil (aun manteniendo su funcionalidad ambivalente y, por tanto, siendo útil para determinadas cosas), en el contexto de la explotación humana.
                En muchos de los discursos a los que nos referimos el colapso ecológico o la deriva financiera acaban convirtiéndose en un dato inconmovible de la realidad. En algo objetivo que no puede ser alcanzado por la actuación humana en modo alguno. Así, “prepararse para el colapso” comporta hacer las cuentas sobre la totalidad de cosas de nuestra vida actual que no podremos mantener en un futuro, pues, al fin y al cabo, para algunos, no existe otra forma de vida (o de abundancia) posible más que la nuestra, la de los juguetes mercantiles. Las  necesidades humanas, trascendentes y a-históricas,  parece decirse, son las que este modo de producción ha ido solventando, y en otra sociedad no capitalista y no industrial no podremos sentir más que una “gran falta”. Pero lo más preocupante es cuando algunos sectores  hablan también  de adaptación al pico de los combustibles fósiles desde la narrativa de los “ajustes” que deberemos hacer “todos”, sin atención alguna  a la realidad de la desigualdad de fondo, a nivel de clase, y de la arquitectura global de un sistema atravesado por múltiples segmentaciones.
No pudiendo imaginar más vida que la nuestra, nos vemos atravesados por la imposibilidad de mantenerla, en vez de atisbar la oportunidad real de “superarla” en la forma de una sociedad más vivible, en la que la sostenibilidad se fundamente, precisamente, en la emancipación de los trabajadores y las trabajadoras de sus ataduras con el proceso de acumulación siempre creciente del Capital y con un pasado de opresiones.
                En su libro “Nuestro Marx”, Néstor Kohan define el fetichismo, como una categoría central de análisis respecto al mundo del Capital:
                “El fetichismo consiste en un proceso social e histórico según el cual se acepta que existe algo “afuera” (de la historia) que no tiene ningún vínculo con el “adentro” (de la historia). El fetichismo implica un dualismo radical, una escisión tajante entre el objeto y el sujeto. Habría un objeto radicalmente externo (categorías y leyes económicas) que no tiene ningún vínculo con los sujetos sociales y sus relaciones recíprocas (relaciones de lucha, de poder y de enfrentamiento, es decir, relaciones atravesadas –según la teoría marxista de la historia- por la lucha de clases)”.
                En este proceso en el que el “fetiche” se autonomiza de su creador:
                “Los objetos adquieren vida propia, se personifican y se transforman en “sujetos”. A su vez, las relaciones entre los seres humanos, los sujetos verdaderos, adquieren autonomía e independencia frente a ellos transformándose en “cosas”(…) Los sujetos se vuelven objetos y los objetos se transforman en sujetos.”
                Pero este proceso de personificación del objeto y reificación del sujeto:
                “no está recluido en ningún insondable pliegue metafísico al interior del “corazón del hombre” ni responde a ninguna “esencia perdida”. Tiene una explicación estrictamente social e histórica”.

                Esta es la clave que permite entender la insuficiencia transformadora de determinados discursos que colocan en la posición de sujetos sociales a realidades materiales como la mercancía dinero o la mercancía energía, mientras reifican totalmente a los sujetos que las producen como mercancías, negándoles toda sustantividad efectiva. En estas narraciones la energía o el dinero “cobran vida”, se “embarazan”, de repente poseen “alma y automovimiento”, mientras las personas reales son objetos ahistóricos que no pueden tener más necesidades, reacciones o anhelos que los que expresan ahora mismo atados a las cadenas del capital. El dinero “nace, cambia, crece y se reproduce”, mientras los seres humanos que lo producen como equivalente general de todas las mercancías, sólo “son siempre los mismos”, “juguetes de las fuerzas económicas esenciales a las que sólo pueden adaptarse”.
                La explotación desaparece del discurso, y así cabe “imaginar” un decrecimiento capitalista (“la emancipación humana no es posible, pero sí adaptar las fuerzas económicas a un consumo menor de energía”) o una forma de dinero que libere, sin intervenir sobre el núcleo de la relación de explotación Capital-Trabajo, a la Humanidad.
                La realidad de estos discursos, que nada tienen que ver, en lo profundo, con el ecologismo consecuentemente anticapitalista de gente como Carlos Taibo, o con la experimentación monetaria asociada a las necesidades de los movimientos sociales que se da en ámbitos como los de los Mercados Sociales o las Cooperativas Integrales, es la de un cántico a los “imprescindibles” reajustes necesarios para intentar salvar al Capital de sus contradicciones ecológicas y financieras, haciendo asumir a las poblaciones, y más concretamente a los trabajadores, que “no es el momento de exigencias”, sino de “contribuir todos” a la supervivencia degradada del mundo social que conocemos.
                Así, por ejemplo, las interminables discusiones sobre la “Tasa de Retorno Energético” mínima para sostener una sociedad, pretenden muchas veces desconocer que la nuestra no  es la  única sociedad factible ni su proceso básico de extracción del plusvalor (que tiñe poderosamente la amplitud de sus necesidades energéticas en un sistema basado en la competencia salvaje entre los individuos y la explotación de unas personas por otras, en el que “quien crece gana”) la única posibilidad pensable para la convivencia. Y que, realmente, subsistente el capitalismo no hay más alternativa que el colapso caótico.
                El corazón de nuestro mundo social no está afincado en la escasez de la mercancía energía, ni en la reproductibilidad exponencial de la mercancía dinero mediante el crédito y la titulización, por muy importantes que sean estos procesos. El problema real, la dinámica esencial que ha terminado por desatar esos procesos anteriormente citados, es la realidad del trabajo enajenado, que necesita esa cantidad irracional de energía y de apuntes contables-moneda para reproducirse de manera ampliada. Y todo ese proceso continuará mientras exista, en el mercado, la mercancía fuerza de trabajo, es decir, el trabajo asalariado.
                Esto pone sobre la mesa la radical importancia de algo que estos discursos tratan muchas veces de adormecer: la lucha de clases. Volvamos a Kohan, para entender que:
                “El fetichismo se renueva, no es acabado, se convierte en un proceso de fetichización reiterado y reproducido (…)Todos estos procesos están abiertos a la disputa, al “tironeo”, a la “paleada”, y a una relación de poder y de fuerzas entre las clases sociales que se renueva periódicamente y en escalas cada vez más ampliadas. (…) Periódicamente, cotidianamente, el capital debe luchar y confrontar para  reproducirse y transformar el trabajo vivo en algo muerto y cristalizado, algo sólido y petrificado, las relaciones interhumanas vivas en relaciones cosificadas, las necesidades humanas en demandas mercantiles (de valor y de dinero).”
                Es en marco de esa confrontación en el que las necesidades humanas se terminan entendiendo necesariamente, por ciertos discursos, como la necesidad de acumulación de mercancías y no de una vida más amplia, rica y creativa. Es ahí donde se pierde vista que, lejos de debatir democráticamente para qué podemos usar la energía disponible desde un punto de vista material (lo que pondría sobre la mesa la necesidad de poner en cuestión la existencia misma del trabajo enajenado) lo que hacen muchos discursos pseudo-ecologistas es presentar a la mercancía energía como algo vivo que puede morir, y a las necesidades humanas de la sociedad mercantil como un dato objetivo y cosificado (lo que envía la discusión al debate sobre la necesidad de “todos” de “apretarse el cinturón”).
                El éxito en nuestros medios de estos discursos pretendidamente novedosos y, sobre todo, supuestamente liberadores, está basado, en definitiva, en el trabajo disruptor del pensamiento antisistémico efectuado por la brutal derrota cultural post-68, y por su total abandono del discurso de clase. Si ya “no existe” clase trabajadora, ya no existe explotación, sino múltiples opresiones, ni tampoco existe horizonte de emancipación del trabajo asalariado que, tozudamente (y pese a todas sus transformaciones objetivas y reales en las últimas décadas) sigue siendo el corazón de la experiencia vital de la mayoría de la población global. Así, sólo cabe plantearse nuestra posición social en la forma de unidades de consumo todas igualmente responsables de la deriva caótica de la formación social en que vivimos y, por tanto, todas empujadas (aunque no igualmente) a seguir trabajando de manera enajenada en una situación de miseria (no sólo en términos de acceso a mercancías materiales) progresivamente acrecentada.
                Desvelar radicalmente el proceso de fetichización que nos hace vulnerables a estas tesis del “Capitalismo sostenible” y de la “financiarización buena” precisa de la recuperación de la idea de que la abolición del salario y la gestión autogestionaria y colectiva de la infraestructura económica, son las únicas salidas que puede hacer factibles y expresables las necesidades humanas que el Capital ha dejado fuera de foco, permitiendo superar el fantasma del “Gran Colapso”. Sólo desde la propiedad colectiva y democrática de los medios de producción, y desde procesos asamblearios y participativos de toma de decisiones sociales, puede generarse el tipo de ser humano capaz de ser sujeto activo y consciente y de tratar a sus producciones como objetos, racionalizando la producción y haciéndola funcional a unas necesidades humanas muy alejadas a las ordenadas por el mundo de la mercancía y el plusvalor, como las de cuidado, afinidad, afectividad, cultura o juego.
                Pero, para llegar a ese punto, recordemos, con Néstor Kohan que:

                “La lucha y el enfrentamiento contra los enemigos, así como la iniciativa política y la influencia sobre los potenciales aliados, jamás se generan de forma automática, sin intervención subjetiva, sin conciencia política. Esta última presupone a su vez toda una experiencia histórica sedimentada y toda una serie de recuperaciones de la tradición acumulada por las generaciones anteriores (hayan ganado o perdido la lucha previa)”.
                Procesos de construcción de conciencia política y de reapropiación (problematizada pero real) de la tradición revolucionaria previa que en nuestro país están todavía por hacer.

                José Luis Carretero Miramar.



               


               

               







lunes, 1 de diciembre de 2014

Participo en las XVI Jornadas Libertarias de CGT «¿Qué mundo queremos construir?», en Valencia

El próximo 19 de diciembre, en Valencia, participo en las XVI Jornadas Libertarias de la CGT, "¿Qué mundo queremos construir?", junto a un representante de la fábrica recuperada griega Vio.Me y a Eduardo Romero, de la Asociación Cambalache. Aquí tenéis el programa completo de las Jornadas:
Exposición “El anarcosindicalismo de la Transición a nuestros días”
Lugar: Octubre Centre de Cultura Contemporània (C/ Sant Ferran, 12)
Lunes 15 diciembre: 
12h: Presentación de las Jornadas y de la Exposición a cargo de José Manuel Muñoz Póliz (Secretario General CGT), José Antonio Picón (Secretario General CGT-València), Rafa Maestre y Cristina Escrivà (Comisarios Exposición)
18h30: Charla-debate “En qué mundo estamos?” con Tasio Urra (Profesor UV), Josefina Juste (Radio Klara y Mujeres Libres) y Eduardo Vicent (Sociólogo, politólogo y camarero). Modera: Puri Eisman (Secretaria Comunicación CGT-PV)
Martes 16 diciembre:
18h30: Charla-debate “Un viaje al pasado para fundamentar el futuro” con Carmen Agulló (Escritora y profesora UV), Rosa Brines (Periodista y miembro de la Comisión Stanbrook) y José Vicente Martí i Boscà (Médico e historiador). Modera: Emilia Moreno (Secretaria General CGT-PV)
Miércoles 17 diciembre:
11h: Proyección película “La Cecilia” de Jean-Louis Comolli, 1975
18h30: Charla-debate “Y nos hurtaron la memoria y la conciencia: La Transición y el movimiento obrero " con José Asensio (CGT-Universitat de València y Coordinador documental “Valentín. La otra Transición”), Rafa Arnal (Escritor y editor) y Francisco Sanchis Ballester (Extrabajador de Macosa y militante de CNT y CGT). Modera: Antonio Pérez Collado (Secretario Acció Social CGT-PV)
Jueves 18 diciembre:
18h30: Charla-debate "En algo nos equivocamos… Decimos no a los valores del capitalismo " con Heleno Saña (Filósofo y escritor), Javier Sánchez-Gil (Jóvenes CGT) y María Alejandra Brito (Asamblea Desempleadas y Precarias CGT-Valencia). Modera: Enric Tarrida (Secretario Formación CGT-Valencia)
21h30: Performance de Cámara Destemplada en Ateneo Libertario “Al Margen” (C/ Palma, 3)
Viernes 19 diciembre:
18h30: Charla-debate "La salida es revolucionaria” con trabajador VIO.ME fábrica griega autogestionada, Eduardo Romero (Asociación Cambalache) y José Luis Carretero (Abogado y escritor). Modera: Emilio Justicia (Militante CGT)
21h30: Fiesta libertaria en el local de CGT. Avda. de Cid, 154-Valencia

lunes, 24 de noviembre de 2014

Presentación de "La autogestión viva" en el Colectivo La Cayena, de Toledo

El sábado 29 de noviembre presento "La Autogestión viva" en la Jornada de Educación y Autogestión del Colectivo La Cayena (Toledo). Ahí os esperamos.


jueves, 20 de noviembre de 2014

Nace Cooperactiv@s: “Red Social de Personas Activas por la Economía Social”,

Me envían esta información para que le de difusión. Parece muy interesante, yo me he registrado. Ahí la tenéis:

Nace Cooperactiv@s: “Red Social de Personas Activas por la Economía Social”,
  promovida por la Unión Leonesa de Cooperativas de Trabajo,  ULECOOP. 

Su web es :http://www.cooperactivas.com/

La Unión Leonesa de Cooperativas de Trabajo, ULECOOP, promueve el  
nacimiento de la primera red social española sobre economía social: Red  
Cooperactiv@s”, que pretende aglutinar en un único portal información  
puntual y veraz sobre lo qué es y cómo se desarrolla la economía social.

Cooperactiv@s, quiere ser una herramienta de ámbito nacional que, desde la  
participación activa, como foro de comunicación libre de intereses, e  
inspirada en los principios de ayuda mutua, responsabilidad social,  
solidaridad, facilite la  cooperación y la satisfacción de necesidades  
profesionales, económicas, formativas, informativas y sociales de las  
personas activas con perfil en la red.

Surge desde un grupo de personas, cooperativistas y profesionales que  
quieren aunar esfuerzos y compartir proyectos, tras ser conscientes de la  
gran cantidad de iniciativas de carácter social sin apenas visibilidad y la  
inexistencia de foros independientes de contacto para las diferentes  
entidades de la economía social de ámbito nacional.

La Red Cooperactiv@s fundamentalmente es una herramienta de  
intercooperación empresarial y social para entrar en contacto con otras  
realidades prácticas de economía social y alternativa, conseguir  
visibilidad, apoyos en comercialización, promoción, posicionamiento y  
financiación, así como orientación y contactos para la puesta en marcha de  
una idea.

Por ello, la Red Social Cooperactiv@s, está dirigida no sólo a la  
ciudadanía en general, como un espacio participativo y de debate sobre  
economía social, sino también a las personas emprendedoras, empresas, y  
asociaciones, que busquen apoyo en sus iniciativas.

Cooperactiv@s está promovida y apoyada, por la Unión Leonesa de  
Cooperativas, ULECOOP, que pone a disposición de esta red su equipo técnico  
y de expertos.  Pero además, en los próximos días se espera la firma de dos  
convenios de colaboración uno con Laboral Kutxa y otro con la UNED, ambos  
convenios pretenden apoyar esta iniciativa aportando soluciones en  
financiación y en formación respectivamente.
Ya se puede participar en esta red social a través de www.cooperactivas.com

Para más información:
Presidenta de ULECOOP, Marisa Rodríguez Rodríguez, 669 87 56 54
Coordinadora Técnica de ULECOOP, María Ramón Gancedo,  649 03 89 09  
info@ulecoop.com



lunes, 10 de noviembre de 2014

Represión, huelgas y derecho penal del enemigo

José Luis Carretero
Represión, huelgas y derecho penal del enemigo

Revista Trasversales número 33 (segunda época) [110 serie histórica] (papel), octubre 2014-enero 2015

Otros textos del autor en Trasversales

José Luis Carretero Miramar
 es profesor de Formación y Orientación Laboral. Miembro del Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión (ICEA).



Desde mayo del 2011, la sociedad en la que vivimos ha conocido una gran oleada de luchas sociales. Espoleada por una crisis económica sin precedentes en los últimos cuarenta años y por la salida a las calles de las multitudes, que buscaban frenar el acelerado proceso de despojo de sus condiciones de vida en que consistía la vía oficial de 'superación' de la crisis, que nunca ha llegado a concretarse, la sociedad española ha vivido una frenética sucesión de manifestaciones, huelgas generales y movilizaciones populares. Por supuesto, la respuesta del poder frente a la emergencia de las necesidades y el resurgimiento político de las clases subalternas ha basculado entre la cooptación de los dirigentes de las protestas, los intentos de encabezarlas y encauzarlas, y la represión pura y desenfrenada.
La crisis global más profunda desde 1929 ha venido acompañada, como era de esperar, por un proceso de asedio por parte del poder contra las libertades cívicas y los derechos ciudadanos. Desde los agentes policiales encapuchados tomando declaración a manifestantes pacíficos a las detenciones masivas de disidentes y activistas sociales, pasando por las modificaciones legislativas que se apuntan en el horizonte (Ley Mordaza, tasas judiciales, reforma del Código Penal…), todo remite a un escenario de pérdida radical de garantías jurídicas para los trabajadores y sectores activos de la sociedad, así como de autoritarismo creciente, que marcará su más nítida expresión en la previsiblemente desproporcionada respuesta al 'desafío' catalán.
Por supuesto, la crisis económica, política y social, así como cultural y de legitimidad del régimen (y del conjunto del sistema capitalista, si la analizamos alzando la vista más allá de nuestro 'vecindario' provinciano) es la clave de una situación de creciente recurso a la represión como única o principal respuesta al despertar emergente de las multitudes globales. La puesta en cuestión, en las últimas décadas, pero sobre todo en los últimos años y en todo el globo, del Pacto Social Fordista, cuyos restos han sido claramente demolidos, ha representado también la quiebra de todo un modelo de gestión de la vida colectiva, un modelo político y parlamentario, tanto como un paradigma jurídico, edificado, al menos en Europa, sobre la ficción operativa (eso sí) del 'acuerdo entre clases'.
En esto, como en todo, el neoliberalismo ha ido realizando un trabajo de décadas de zapa y demolición. Una labor que ahora se radicaliza y acelera hasta el paroxismo. Baste citar al respecto la deriva ilustrada por Gerardo Pissarello en su libro Un largo Thermidor de un constitucionalismo basado en la ficción del 'Estado Social de Derecho' a la actual dinámica de devastación fáctica de las libertades ciudadanas y limitación legislativa de los derechos individuales y colectivos expresada en realidades como las tasas judiciales, los procedimientos ejecutivos de desahucio sin estudio de la sustancia de la relación jurídica subyacente o las medidas de arbitrariedad ad­ministrativa y de efectos cuasi penales in­sertas en la futura Ley Mordaza.
Que el Derecho, como fermento o sustrato, como capa de hormigón que articula la utopía y el día a día del Capital, está en crisis, se encuentra ya fuera de toda duda. Las manifestaciones más espectaculares y radicales de esta crisis que alcanza a todas sus jurisdicciones son quizás las relativas a la transformación posmoderna del Derecho Penal, la parte más delicada, y al tiempo peligrosa, del ordenamiento jurídico.
Hablamos del paso a un Derecho Penal del enemigo (como lo ha calificado Zaffaroni) que, lejos de perseguir conductas previamente tipificadas por las instituciones democráticas como agresiones de especial gravedad contra bienes jurídicos especialmente importantes, en base a principios de raigambre liberal-garantista, como el de intervención mínima, el de legalidad o el de proporcionalidad, se dedica ahora a perseguir sujetos sociales previamente identificados y estigmatizados con la identidad inamovible del 'no recuperable', del eterno sospechoso, del agente ejecutivo de una antijuridicidad constitutiva e ineludible. Léase, en la España post 15-M, del activista descontrolado e irredento.
Así, el sentido de la pena (siempre discutible, por otro lado) muta de la retribución a la prevención, pero no entendida en un sentido democrático como apertura de un proceso de rehabilitación garantista y respetuoso con la fundamental libertad individual, sino como gestión para-científica de riesgos complejos y múltiples concretados en la forma de enemigos entrevistos como la personificación del 'mal' y la 'enfermedad asocial'.
Lo penalmente perseguido, en estas circunstancias, no es, por tanto, la conducta desviada, sino la generación de campos y sujetos que no están bajo control y son considerados constitutivamente peligrosos, como el casi metafísico 'manifestante radical antisistema', en un contexto de violencia en las manifestaciones prácticamente inexistente en la realidad fáctica de los últimos años. La represión, así, no responde a prácticas ilícitas, sino, de manera amplia y difusa, a simples potencialidades establecidas estadísticamente.
Guantánamo es la imagen paradigmática, a escala global, de un sistema Penal y Penitenciario (represivo, en suma) que está rehabilitando a marchas forzadas los mecanismos del suplicio preburgués (el castigo público en el espacio colectivo, en este momento los medios de comunicación masivos), acompañado de una criminalización difusa y tentacular, que supera lo propiamente penal para incursionar en otros ámbitos como lo administrativo o lo sanitario, de una sociedad entreverada por una fina red capilar de instancias dominadas por la lógica securitaria y normalizadora. Todo ello, por supuesto, con absoluta quiebra de las ilusiones enarboladas por un Derecho burgués que, en algún momento pretérito, prometió hacer respetar ciertas garantías declaradas como inamovibles, más nunca convertidas en el eje central de la actuación práctica pese a la buena voluntad de muchos profesionales.
La realidad es tozuda y alimenta el análisis precedente. El sindicato CGT habla ya de al menos 52 procedimientos penales o administrativos sancionadores abiertos contra sus militantes por actuaciones llevadas a cabo en legítimas protestas pacíficas. Destaquemos, entre ellos, a simples efectos ejemplificativos, al caso de Roger y Mercader, sindicalistas detenidos en la Huelga General de 29 de marzo de 2012, por participar en un piquete informativo, y que enfrentan peticiones penales de 6 y 2 años de cárcel respectivamente.
De hecho, la represión se ha cebado especialmente en el entorno de las huelgas generales y de los conflictos laborales, expresando un claro sustrato clasista. Las ilicitudes de ciertos sujetos sociales les permiten salir indemnes del sistema penal (como la práctica totalidad de los encausados por la masiva corrupción política de las últimas décadas), mientras los trabajadores pagan, en todos los sentidos, la fiesta de la élite. Según los medios de comunicación, en estos momentos unos 300 trabajadores enfrentan cerca de un total de 120 años de petición de penas privativas de libertad por sus actividades sindicales. Los ejemplos, por tanto, son innumerables, y alcanzan desde la situación del joven madrileño Alfon, detenido en la Huelga General del 14-N y al que se le piden 5 años y medio de prisión por un incidente extremadamente poco claro, a las dos personas encausadas en la ciudad de Cuenca, y que enfrentan posibles penas de 7 años de prisión, por sucesos acaecidos en una carga policial sucedida tras la irrupción de un autobús lanzado contra un grupo de manifestantes por la libertad de los detenidos en la Huelga General del 28 de marzo de 2012.
El elemento clasista inserto en toda esta barahúnda represiva se vuelve evidente si analizamos el tipo penal que suele imputarse a estos detenidos: el artículo 135.2 del Código Penal, es decir, un 'delito contra los derechos de los trabajadores'. Algo absolutamente irónico si lo comparamos con la práctica inexistencia de condenas relacionadas con el 135.1 (impedir el derecho de huel­ga por parte de los empresarios). Parece ser, por tanto, y si nos remitimos a las puras estadísticas penales, que los delitos contra los derechos de los trabajadores sólo los cometen los propios trabajadores activos. El deja-vu respecto al pretérito tipo de 'conspiración para alterar el precio de las cosas' usado para reprimir las huelgas y la asociación obrera en los inicios de nuestro sindicalismo es cada vez más perentorio. Deberían tomar nota de ello las fuerzas políticas que, pretendiendo ser herramienta de cambio, parecen dispuestas a hacer, sin embargo, códigos éticos imbuidos del simple 'buen sentido' burgués idealista que les hace invalidar como futuros militantes a los únicos de hecho condenados por los 'delitos contra los derechos de los trabajadores', es decir, a los activistas obreros.
Así, pues, éste es el escenario que enfrentamos: represión creciente, transformación del aparato penal en una dirección inédita, pero cada vez más funcional a las necesidades de las oligarquías. Persecución del enemigo, y no de conductas concretas. Limi­tación de las libertades democráticas y de los derechos cívicos. Todo un conjunto de procesos que apuntan, en definitiva, a acallar las voces y la legítima protesta de unos sectores populares cada vez más acosados por el torbellino neoliberal.
Razones, en definitiva, para una movilización creciente. Para extender y hacer confluir las legítimas protestas de quienes reclaman el derecho a construir entre todos y todas un mundo vivible en el que desarrollar las plenas potencialidades de un precario ser humano que ha de superar siempre tiempos oscuros para afirmar su propia luz.


viernes, 31 de octubre de 2014

Presentación de "La autogestión viva" en Toledo




El sábado 8 de noviembre, a las 12 horas, presento "La autogestión viva" en el local de la CNT-AIT de Toledo (c/Rio Valdeyernos, nº 4, en el Barrio del Polígono). ¡Allí nos vemos!



miércoles, 22 de octubre de 2014

Certidumbres neoliberales. En el Centro Social La Caba.

El sábado 25 de octubre a partir de las 18.30 el Grupo de Derechos Humanos del Instituto Madrileño de Antropología presentará una serie de reflexiones, sobre las verdades naturalizadas en los preámbulos de la Reforma Laboral, la Ley de Emprendedores y la LOMCE, así como sus interconexiones.
¡Os esperamos!


Anarquía, ¿pasado o futuro?

Anarquía, ¿pasado o futuro?

15oct 2014
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24 comentarios
Ni siquiera los expertos se ponen de acuerdo sobre la vigencia de la vieja “utopía” libertaria, pero ante el aumento de movimientos sociales que hablan de acción directa, autogestión, democracia real, etc., no han sido pocos los que han visto en estas actuaciones un gran trasfondo anarquista. Hemos planteado a tres expertos cuatro cuestiones sobre una de las ideologías más populares del siglo XIX y principios del XX.
Texto: David Losa
Hubo un tiempo, entre la I República (1873) y la Guerra Civil (1936/39), en que el anarquismo –y sobre todo el anarcosindicalismo– eran corrientes políticas con un gran respaldo popular en España. Por entonces, la creciente industrialización y la floreciente conciencia crítica de muchas personas chocaba frontalmente con las actuaciones conservadoras de las altas esferas del poder político, económico y religioso. El trabajador, maniatado socialmente, despertaba a su condición de clase, y las nuevas ideas se difundían a través de libros, de charlas, de panfletos o, simplemente, del boca a boca.
El mundo no tenía por qué ser tal cual lo querían los poderosos, había nacido una nueva forma de entender la sociedad: el anarquismo. Según escribe el profesor de Ciencia Política Carlos Taibo en su obra Repensar la anarquía. Acción directa, autogestión y autonomía (Los Libros de la Catarata, 2013), los elementos principales del cuerpo doctrinal del anarquismo eran (son) los siguientes: “el rechazo de todas las formas de autoridad y explotación, y entre ellas las que se articulan alrededor del capital y del Estado, la defensa de sociedades asentadas en la igualdad y la libertad, y la postulación, de resultas, de la libre asociación desde abajo”.
Pero sobre todo, desde el principio, dada las numerosas corrientes dentro del propio movimiento, era más fácil definir a los anarquistas desde todo aquello que rechazaban, como enumera Taibo: “el Estado, el capitalismo, la desigualdad, la sociedad patriarcal, la guerra, el militarismo, la represión en todos los órdenes, la autoridad”.
¿El renacimiento?
Lejos siquiera de acercarse a algo parecido a la ansiada Utopía libertaria, y pese a que el anarcosindicalismo llegó a ser un movimiento de masas en España –un hecho excepcional en toda Europa–, la llegada de la Guerra Civil primero, y de la dictadura franquista después, sepultaron de golpe al anarquismo en la clandestinidad y el exilio. Lo peor fue que, en contra de lo que muchos pensaban,a la muerte del dictador el ideario libertario no encontró un hueco social relevante en la nueva democracia, ‘malviviendo’ durante dos largas décadas gracias a la constancia de unos grupos más o menos marginales que han mantenido viva la llama anarquista.
Pero el siglo XXI y la debacle del sistema capitalista han devuelto a la actualidad todas aquellas ideas que enarbolaban la libertad del ser humano, su capacidad de autogestionarse o de decidir sobre su propia existencia. Así explica la historiadora Laura Vicente, en su Historia del Anarquismo en España (Los Libros de la Catarata, 2014) esta última evolución: “(el anarquismo) se infiltró por las grietas de la sociedad del bienestar y emergió, y emerge, con formas nuevas en la actualidad. Si quedará solo en eso, en materia primigenia que emerge aquí o allá, o conseguirá reinventarse a sí mismo, es cosa del futuro”.
CUESTIONARIO
1 ¿Cree que, en general, el ideario anarquista clásico está vigente en la actualidad?
2 ¿De qué estado de salud goza el anarquismo militante en la actualidad en España?
3 ¿Está presente el anarquismo en la esencia de muchos de los movimientos sociales producidos a raíz de la crisis?
4 ¿Cree que el pensamiento anarquista ganará protagonismo en el futuro?
carreterook_gmgiJOSÉ LUIS CARRETERO
Profesor, activista y escritor.
1 Las bases fundamentales del pensamiento anarquista clásico no pueden estar más de actualidad. Vivimos en un momento de crisis múltiples y confluyentes (cultural, económica, financiera, pedagógica, de la hegemonía política, etc.), que delinean el escenario de una crisis civilizatoria global. En los próximos decenios todo va mutar aceleradamente, pero no sabemos exactamente en qué dirección.
En este contexto, las bases del socialismo libertario (una sociedad radicalmente democrática, donde no exista la opresión ni la explotación, y en la que las clases sociales y el Estado burgués desaparezcan y sean sustituidos por la auto-organización de las poblaciones) están plenamente vigentes. Si ahora se habla, en todas partes de una “democracia real”, de lo que se está hablando realmente es de que la gente tiene que tener el derecho de decidir igualitaria y libremente su futuro. El anarquismo clásico no hacía otra cosa que indicar que la democracia no podía ser restringida a la forma parlamentaria burguesa y, sobre todo, no podía desaparecer a las puertas de los centros de trabajo.
Así, los elementos esenciales del anarquismo clásico no eran otros que la defensa de la democracia directa y ampliamente participativa, y de la autogestión de la vida económica por parte de los propios productores. Cosas ambas que no pueden estar de más actualidad.
2 Goza de una moderada buena salud. El anarcosindicalismo sigue siendo una fuerza presente y asentada en muchos centros de trabajo, aunque no sea mayoritaria. Y ha crecido de manera clara en los últimos años de crisis, tanto en afiliación como en capacidad de incidencia. De hecho, al calor del 15M se produjeron las primeras convocatorias unitarias del conjunto de las organizaciones que se reclaman herederas, desde el punto de vista ideológico, de la CNT histórica, aunque, de momento, no se haya persistido en esa línea.
Por otra parte, existen numerosos grupos y entidades libertarias de diversas tendencias, generalmente insertos en espacios locales concretos, o dedicados a labores culturales o pedagógicas. Abundan las editoriales, las cooperativas e iniciativas productivas, o los núcleos juveniles, de barrio o de localidad. Estos grupos tienen una incidencia variable y una capacidad de influir en las luchas generales de la población que suele estar en relación directa con su capacidad de organización y de inserción en la realidad material de las poblaciones en las que realizan su trabajo.
Frente a núcleos puramente marginales, y dedicados a labores muchas veces poco relacionadas con las necesidades inmediatas de la gente, conviven (aunque, a veces, también con muchos problemas) colectivos con amplia aceptación social y décadas de trayectoria barrial o cultural.
3 Está enormemente presente, en lo que son las bases organizativas e ideológicas esenciales que han ido desarrollando los movimientos sociales de las últimas décadas: asambleísmo, autogestión, mínima delegación, control de los líderes, independencia (al menos afirmada) de los partidos políticos, etc. Hoy día es casi imposible plantear, en el seno de los movimientos, que los mismos deberían organizarse en torno a otras bases organizativas (como sería, por ejemplo, el llamado “centralismo democrático”, o los liderazgos autoritarios). Nadie dice ya ser el “Frente de Masas” o el “Frente de los desahucios” del Partido X. EL 15M, o la PAH, sin la influencia histórica, discursiva, y muchas veces, incluso personal de los y las anarquistas, no hubieran sido los mismos.
4 De aquí al futuro, en el marco de las tremendas transformaciones que van a vivir nuestras sociedades, va a ser imprescindible, ante el fracaso de las opciones clásicas basadas en un socialismo autoritario y estatista o en el pacto entre clases con una clase dirigente acosada por sus contradicciones, desarrollar un nuevo socialismo, una renovación profunda del proyecto histórico levantado por las clases populares hace 200 años para intentar dirigir al mundo a la más amplia democracia posible y a la construcción de una economía al servicio de la sociedad en su conjunto.
Ese nuevo socialismo, que tendrá que ser, inevitablemente, un ecosocialismo, tendrá también que tener entre sus elementos centrales muchas de las cosas que el anarquismo ha defendido siempre: la democracia directa, el fomento de la producción cooperativa y autogestionaria, la mínima delegación, la rotatividad de funciones, y el respeto por la pluralidad y la ausencia de dogmas.
TaiboCARLOS TAIBO
Profesor de Ciencia Política y escritor.
1 Creo que las ideas de autoorganización, autogestión, apoyo mutuo, democracia directa y propaganda por el hecho son más actuales que nunca. Y lo son por cuanto configuran la única respuesta creíble a la corrosión terminal del sistema y al colapso que se avecina. Eso no significa que no haya que revisar muchas de las percepciones propias –así, las relativas a las mujeres, la ecología o la sociedad industrial– del anarquismo del XIX.
2 Asistimos a un auge manifiesto de las prácticas libertarias, que ilustran, por ejemplo, muchas de las asambleas populares del 15M y muchos de los espacios de autonomía –grupos de consumo, ecoaldeas, cooperativas integrales…- que se han ido forjando en los últimos años. El crecimiento de las organizaciones identitariamente anarquistas, o anarcosindicalistas, no es, en cambio, tan visible, aunque me parezca, también, indudable.
3 Más que el anarquismo, lo que está presente es el despliegue espontáneo de prácticas libertarias. Creo que ese despliegue a menudo no obedece a ningún proyecto ideológico, sino a una lectura vivencial de las miserias que arrastran todas las organizaciones del sistema en términos de jerarquía, separaciones, exclusiones y explotaciones. Al margen de eso, me parece que las prácticas libertarias surgen de la conciencia de que formamos parte del sistema con el que queremos acabar, algo que obliga a asumir esfuerzos adicionales.
4 No tengo ninguna duda al respecto. Cuando se dice que el anarquismo no es una ideología contemporánea se está diciendo una gran verdad: es una ideología del futuro. Los conceptos de decrecer, desurbanizar, destecnologizar, despatriarcalizar y descomplejizar encajan en una perspectiva radical que hace de la autogestión y de la desmercantilización dos de sus hitos.
laura_gmgiLAURA VICENTE
Doctora en Historia y escritora.
1 El ideario anarquista clásico, al igual que el de la izquierda clásica, me parece que no está vigente en la actualidad. En Europa desde los años sesenta, el anarquismo, y toda la izquierda en general, entró en un proceso de crisis que es ahora, en el siglo XXI, cuando muestra su dramática dimensión. En España, el franquismo distorsionó esta cronología por la dura represión de la posguerra, que asestó un duro correctivo al anarquismo y al sindicalismo que lo llevaron al borde de la extinción.
La crisis se produjo por la fractura de la tradicional asociación de la izquierda con el proletariado urbano que también disminuyó y se fragmentó. Cuando la vieja izquierda ya no pudo depender de las comunidades de la clase trabajadora, porque cada vez representaba un porcentaje menor de la población, la llamada nueva izquierda se unió a los jóvenes de los años sesenta y no fue el interés de todos, sino las necesidades y los derechos de cada uno, lo que constituyó su base.
El individualismo sustituyó a la comunidad y las reivindicaciones subjetivas de la suma de identidades sustituyeron a los propósitos sociales comunes. Los movimientos políticos desaparecieron sustituidos por el individualismo fragmentado de las preocupaciones particulares, incapaces de convertirlos en objetivos colectivos.
2 Siempre ha sido muy difícil contar el número de personas adscritas al anarquismo por su tendencia a organizarse en pequeños grupos con actividades diversas y dispersas que no resultan fácilmente contabilizables. Pero lo que está claro es que el anarquismo organizado ha desaparecido como fuerza social en la España de principios del siglo XXI. Desconozco la afiliación de la CNT, pero, al mantener su autonomía respecto al Estado y no participar en las elecciones sindicales, ha quedado reducida a una organización marginal desde el punto de vista sindical, mientras que la CGT, que participa en las elecciones sindicales y los comités de empresa, cuenta con unos 5.000 delegados y alrededor de 60.000 afiliados en la actualidad.
3 Considero que los ‘ideales’ anarquistas aparecen en propuestas asumidas por diversos movimientos sociales. Existe, lo que yo denomino, el “rastro de los ideales” ácratas, y se puede percibir en ideas o tendencias sociales que se han mantenido hasta el siglo XXI. Entre ellas encontramos la libertad individual para regir el ámbito privado, centenares de miles de parejas viviendo su amor libremente, madres solteras que deciden encarar su maternidad en solitario, viviendo la sexualidad con libertad y sin tabúes.
La mayor confianza en los cambios individuales o de pequeños grupos, experiencias de cooperación al margen de las instituciones, como el intercambio de trabajo y productos sustituyendo al dinero, la descentralización de las decisiones, la crítica de las desigualdades y de instituciones represoras y arbitrarias. La importancia de la educación y la sanidad públicas asumida en las luchas que en la actualidad mueven a las ‘mareas’, por no hablar de su base asamblearia y de acuerdos basados en el pacto y no en la imposición de las mayorías.
Los movimientos antiglobalización contienen muchos principios anarquistas, como la reivindicación de la autogestión y la lucha contra las organizaciones políticas y financieras supranacionales que pretenden suplantar los poderes del Estado eliminando cualquier capacidad de la libertad individual, provocando más explotación, control e insolidaridad. Por último, el distanciamiento actual de la acción política y de sus representantes electos no deja de mostrar una desconfianza hacia este ámbito tan denostado por los libertarios y, por tanto, sería otro ‘rastro’ del anarquismo en dichos movimientos.
4 El anarquismo histórico no renacerá seguramente en el siglo XXI, pero sus ‘rastros’ de libertad, antiautoritarismo, librepensamiento, rebelión interior, libertad individual, democracia directa y revuelta ética han mostrado, por ejemplo en el Movimiento 15M, su fuerza en los debates que ocuparon el espacio que siempre ha defendido el anarquismo como propio: la calle, las plazas, etc., auténticas ágoras de la política viva.

martes, 14 de octubre de 2014

Acerca de la Unidad Popular

(Publicado en la edición impresa del periódico Diagonal. 9-10.2014).

Ante su inminente Asamblea Ciudadana, Podemos se plantea su futuro. Ese futuro pasa, según sus promotores, por la construcción de la unidad popular.

Quienes nos hemos acercado con curiosidad y buena fe a los Círculos, aun arrastrando nuestras “mochilas ideológicas”, y nos acercamos en su día a las Plazas para ver emerger el 15-M, tenemos algo que decir sobre la esa dificultosa construcción de la unidad de un pueblo atravesado por múltiples segmentaciones y líneas de fractura.

Lo cierto es que, visto lo visto, el empoderamiento ciudadano que decía pretenderse queda, salvo lo que pueda ocurrir en fechas próximas, fuera de foco. El 15-M representó la materialidad de la unidad popular edificada sobre citas comunes y el enamoramiento por la acción (el famoso hiperactivismo que cansaba a tantos veteranos), abriendo espacios para la transversalidad de sus múltiples discursos. Había un 15-M obrero como había un 15-M liberal-democrático, pese a la narrativa hípster al respecto que se hace trampas al solitario cuando niega la pluralidad de las influencias y a los tipos con mochila. Fue un importante momento en la construcción de contaminaciones mutuas, sin hacer emerger en demasía los conflictos por el poder interno y generando confluencias efectivas en las luchas.

Mucho nos tememos que la “interfaz electoral” del movimiento que pretendía ser Podemos se está quedando muy por debajo de sus expectativas iniciales en términos de construcción popular, que no de potencialidad en las urnas. La interfaz parece haber colonizado y sustituido al movimiento mismo, asfixiándolo, y las calles se muestran cada vez más vacías, lo que no se soluciona con una manifestación al semestre o llenando un Polideportivo en un mitin. Los incipientes mecanismos de vertebración social constituidos por la Asambleas Populares del 15, se ven sustituidos por estructuras volcadas en la discusión sobre la coma de propuestas que sólo el más hiperactivista (ese del que se trataba de huir) puede haber leído en su totalidad. La vida de los Círculos, dado el peculiar armazón organizativo propuesto, tiende a girar hacia la política de lo interno y hacia la constitución de “aparato” electoral, y no hacia la socialización de perspectivas políticas y prácticas. El interés de los militantes gira entorno a establecer lazos de relación con una dirección todopoderosa, ya sea para ofrecérsele como correa de transmisión o para tratar de desbancarla.

Los múltiples discursos trasversales se ven sustituidos por una “doctrina de la trasversalidad” cada vez más aburrida, que sólo certifica la preeminencia de la clase media y la subordinación de los trabajadores, ayunos de todo discurso propio, en una “unidad popular” que ha pasado a afirmarse más que a construirse. Las familias políticas presentes disputan espacios sin un debate ideológico serio, pues dicen representar a los mismos sectores sociales: a todos y a nadie. La propuesta de los promotores sobre las municipales, acertada en lo profundo, no puede evitar la emergencia de los conflictos con un aparato territorial que, en gran parte, sólo tiene las citas electorales como horizonte.

Nuevos lineamientos se apuntan en el futuro inmediato: espacios municipalistas, un Bloque Combativo y de Clase del sindicalismo antagonista, iniciativas que pretenden construir un pueblo fuerte. La unidad popular es más complicada que encontrar un discurso mediático efectivo y pone en juego procesos de vertebración y de concienciación de masas, o no es más que un pío deseo. ¿Aún hay solución?

José Luis Carretero Miramar.