martes, 27 de septiembre de 2016

Rotundo éxito de las ‘Jornadas por la Remunicipalización de los Servicios Públicos’ en Zaragoza


Este pasado sábado se celebraron en el CSC Luis Buñuel las ‘Jornadas por la remunicipalización de los Servicios Públicos’ en Zaragoza. Las charlas ofrecidas por las personas intervinientes sirvieron para explicar como la remunicipalización, además de ser posible, resulta ser, entre otras cosas, el modo más económico para gestionar los servicios públicos.
Las jornadas comenzaron con la intervención de José Luis Carretero, miembro del Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión (ICEA). Carretero expuso ante el numeroso público como la remunicipalización tiene que ir ligada a un nuevo modelo de sociedad. “La gestión de los servicios públicos es abandonada para convertirse en pasto de los negocios del gran capital”, afirmaba Carretero.
Además señalaba, “de esta crisis –actualmente- se intenta salir con una serie de medidas que son las mismas que han llevado a la propia crisis”. Medidas como por ejemplo la flexibilidad laboral, “que es uno de los argumentos que ha llevado a la privatización de los servicios públicos y que a la vez ha permitido crear las contratas y las subcontratas”.
Otra de las medidas adoptadas es la fragmentación que afecta al mundo del trabajo, “lo que ha provocado que los trabajadores y trabajadoras no puedan defenderse al tener situaciones distintas en los marcos de los procesos de producción y en la negociación de los convenios”. Carretero puso encima de la mesa como la remunicipalización de los servicios públicos ahorraría entre un 20 y un 30% de dinero a las arcas públicas.
A este factor, más importante si cabe debido a la situación de precariedad económica por la que pasan la mayoría de los ayuntamientos del Estado español, la precariedad también pero en este caso de los y las trabajadoras. Al mismo tiempo, reconocía Carretero, estos servicios públicos por los que hay que pagar provocan que la calidad en el servicio que se le da a la ciudadanía dejen, en muchas ocasiones, mucho que desear.
La siguiente persona en intervenir fue José Antonio Turégano, miembro de la Plataforma por la Remunicipalización de Zaragoza. Turégano realizó un repaso por la historia reciente de privatizaciones en la capital aragonesa durante los últimos años y cuales son las consecuencias de la aplicación de este modelo liberal. Al final, tal y como explicó el propio Turégano, el modelo liberal se podría resumir en una frase, “privatizar los beneficios y socializar las pérdidas”. O dicho de otro modo, negocio y beneficio para unos pocos y carencias y situaciones de crisis económica para el resto.
En los últimos años en Zaragoza se han externalizado 140 servicios públicos, lo que implica el pago de 244 millones de euros al año a las empresas privadas. Esta situación, además de llevar a las corruptelas, al descontrol sobre dichos servicios, al despilfarro, a la deuda creciente y a la prestación de unos servicios cada vez más deficientes, genera un clima de inestabilidad en los y las trabajadoras, que ven como las condiciones laborales son degradadas de manera absoluta.

El consejero de Servicios Públicos del ayuntamiento de Zaragoza, Alberto Cubero, ofreció una charla en la que explicó en qué consiste la ‘hoja de ruta’ de Zaragoza en Común a la hora de remunicipalizar los servicios públicos que están en situación de llevarse a cabo. Asimismo, recordó que los informes presentados por los técnicos municipales “garantizan que la remunicipalización se puede llevar a cabo”. Y no sólo eso, sino que los costes económicos ahorrarían 500.000 euros, una cifra nada desdeñable y además se cuenta con la garantía de mantenimiento de los puestos de trabajo.
En cuanto a la celebración del próximo Pleno en el ayuntamiento de Zaragoza este viernes 30, Cubero destacó que “se ha acabado el tiempo de los informes y de los análisis, ha llegado el turno de las decisiones políticas”. Sin duda, un mensaje dirigido a un Partido Socialista que sigue alineado en una posición contraria a la remunicipalización, al igual que los partidos de derechas PP y Ciudadanos. A este respecto, el consejero advirtió a los socialistas que “si su voto es negativo, entenderemos que rechazan el pacto de gobernabilidad”.

Antes de concluir la sesión matutina llegó el turno de Paky Bejarano y Sonia Yáñez, concejalas del ayuntamiento de Villaverde del Río, en Sevilla. Ambas concejalas defendieron el modelo de gestión pública “porque permite un reparto democrático del empleo”. De hecho, señalaron, “para que funcionen los servicios públicos no es necesaria la participación de las empresas privadas”, haciendo referencia a la situación de privatización que se vive en Zaragoza con estos servicios.
La gestión de los Puntos Limpios, la recogida de residuos, el servicio de transporte urbano, la ayuda a domicilio, las depuradoras, el alcantarillado, las fuentes, la gestión de los centros deportivos, la limpieza de edificios públicos, el tranvía y el servicio del 010, son algunos de los ejemplos de los servicios privatizados en la capital aragonesa.
Ya por la tarde, comenzó el último bloque de charlas de esta jornada en la que la afluencia de público fue numerosa. Entre las personas asistentes se pudo ver a Carmelo Asensio, concejal de CHA y la presencia de Jorge Azcón, del Partido Popular. A este último se le pudo ver en varias ocasiones sonreírse ante alguno de los comentarios que se realizaron en la ronda de preguntas del público a los ponentes de las charlas.
Antonio Nicolás, presidente del comité de empresa de limpieza viaria de León, fue el siguiente en intervenir. Nicolás puso de manifiesto los beneficios logrados con la remunicipalización de este servicio de limpieza viaria en León. “La clave es la movilización social”, espetó Nicolás, dejando así claro que resulta imprescindible este tipo de actuaciones para que la clase política se dé cuenta de que la ciudadanía es capaz de presionar a la hora de exigir este tipo de demandas.
La última persona en intervenir fue Santiago Gutiérrez, consejero delegado de Medina Global, sociedad municipal de Medina Sidonia, en Cádiz. Gutiérrez aclaró a los asistentes cómo y por qué se municipaliza, además de ofrecer una serie de datos que apoyan de una manera clara el porqué de esta decisión. “Un 90 % de la gestión que se realiza del agua en el mundo es pública”, y a este respecto indicaba, “si los ayuntamientos no gestionamos estos servicios públicos, al final todo se convierte en un fracaso”. Y se preguntaba, “¿para qué estamos entonces los trabajadores de los ayuntamientos?”. Gutiérrez también explicó que los consistorios que no cuentan con sociedades públicas que gestionen estos servicios, se convierten de facto en “ayuntamientos de gestión”, mientras tanto, los que sí cuentan con sociedades públicas actúan como “ayuntamientos de intervención”, algo que sin duda resulta mucho más efectivo a la hora de responder a las demandas de la ciudadanía.
La mayor parte de su exposición estuvo basada en la experiencia vivida en el ayuntamiento de esta localidad gaditana. Medina Global es una sociedad municipal que ha absorbido la mayoría de los servicios públicos de dicha localidad. Esto ha repercutido de manera beneficiosa para la ciudadanía, no sólo por la mejora en la calidad del servicio, sino por el abaratamiento del propio servicio. Incluso la estabilidad laboral de sus trabajadores y trabajadoras, que han visto como muchos de los peligros que amenazaban sus puestos de trabajo por culpa de la competitividad y la flexibilidad laboral que propugnan las empresa privadas, han desaparecido con la remunicipalización de los servicios públicos.
En definitiva, podríamos decir sin temor a equivocarnos que estas jornadas han supuesto un éxito en cuanto a la afluencia de público se refiere, y también en cuanto al interés mostrado por dicho público a la hora de informarse de primera mano en un tema tan candente actualmente en el panorama político zaragozano. Próxima cita, viernes 30 de septiembre en el ayuntamiento de Zaragoza, con la celebración de un pleno municipal donde se votará de manera definitiva la remunicipalización de las depuradoras en la capital aragonesa. Un buen momento para ver de lado de quién se posicionan los partidos políticos y cuáles son sus intereses reales.

Sindicatos, temporales e indefinidos - Economía Directa 22-9-2016

Hoy hablamos sobre la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de la Unión Europea respecto a las indemnizaciones por despido de trabajadores temporales e indifinidos, que afectará sobre todo a trabajadores interinos, y qué consecuencias podría tener en nuestro mercado laboral. También analizamos el estado del sindicalismo, en un año que lleva camino de batir el record de menor número de huelgas desde que terminó el franquismo. Con Alejandro Inurrieta, Jaime Garo, Jordi Llanos y José Luís Carretero. Conduce Juan Carlos Barba.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Hay más economía ahí fuera - Economía Directa 17-9-2016

Hoy dedicamos el programa a profundizar en el estudio de las diferentes escuelas económicas y al análisis del modelo económico imperante: la economía que podríamos denominar mainstream frente a los modelos económicos alternativos que están surgiendo ante los desequilibrios generados por el sistema actual. Analizamos qué modelos alternativos se proponen, por qué se sigue defendiendo el actual sistema y qué retos encontraremos en un futuro próximo. Con Jaime Garo y José Luís Carretero. Conduce Juan Carlos Barba.


lunes, 12 de septiembre de 2016

Zaragoza debatirá sobre la necesidad de recuperar los servicios públicos en unas jornadas de la Plataforma por la Remunicipalización

Gestión pública vs. gestión privada - Economía Directa 9-9-2016

Hoy hablamos sobre la intensa polémica que ha rodeado a Jose Manuel Soria, ex Ministro de Industria Nergía y Turismo, por su proposición para un alto cargo del Banco Mundial por parte del Partido Popular. También profundizamos en la liberalización de ciertos servicios tradicionalmente asociados a lo público, como correos o el ferrocaril, y hacemos un balance sobre otros que ya han sido liberalizados (telecomunicaciones, electricidad) en cuanto a la calidad de los servicios ofrecidos y los precios para el consumidor. Por último, analizamos las cifras del Impuesto de Patrimonio, para hacernos una idea de cuál es la riqueza de los más ricos del país. Con Jordi Llanos y José Luís Carretero. Conduce Juan Carlos Barba.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Notas sobre sindicalismo revolucionario. Debatiendo con Pepe Gutiérrez-Álvarez

Notas sobre sindicalismo revolucionario. Debatiendo con Pepe Gutiérrez Álvarez

Por José Luis Carretero Miramar
Como quiera que el debate y la clarificación de posiciones sobre el tema es enormemente pertinente en estos momentos, no he podido sustraerme a hacer una serie de matizaciones y comentarios sobre lo que escribió Pepe y lo que yo mismo narré en mi corto estado de Facebook

Hace escasos días, Pepe Gutiérrez Álvarez ha publicado  unas notas  en kaosenlared  (
http://kaosenlared.net/garcia-oliver-y-el-sindicalismo-revolucionario-notas-al-vuelo-sobre-unas-reflexiones-de-jose-luis-carretero/) al hilo de un estado que escribí en mi muro de Facebook. El tema era la actualidad del sindicalismo revolucionario y de las luchas del trabajo en el vertiginoso siglo XXI.Por José Luis Carretero Miramar 
Pepe, con su enorme cultura histórica, comenzó su artículo con la biografía del personaje histórico que yo había mencionado en mi estado, Juan García Oliver, para continuar con una serie de reflexiones sobre el sindicalismo en la transición y en el momento actual. Como quiera que el debate y la clarificación de posiciones  sobre el tema es enormemente pertinente en estos momentos, no he podido sustraerme a hacer una serie de matizaciones y comentarios sobre lo que escribió Pepe y lo que yo mismo narré en mi corto estado de Facebook.
No hay duda de que García Oliver es un personaje interesante en estos momentos, no sólo porque su libro “El eco de los pasos” es un monumental espejo de lo que fue el anarcosindicalismo en los inicios del siglo XX, sino también porque su voluntarismo indómito representa un ejemplo de vida dedicada al trabajo del trabajo sobre sí mismo (es decir, a la constitución de lo que otros llamaron “el hombre nuevo del socialismo”). Además, las alternativas que García Oliver dibuja en su práctica político-sindical de los años 30, representan bien a las claras las posibilidades y límites de las posiciones de ruptura revolucionaria (“ir a por el todo”) ante las vacilaciones, contradicciones  e, incluso, crímenes, de los “gobiernos progresistas” del momento.
Eso no debe llevarnos a una reivindicación acrítica, idealizada o descontextualizada del personaje o de la línea político-sindical que García Oliver llegó a representar. Está clarísimo que vivimos, ahora, en una sociedad, enormemente diferente, donde determinadas prácticas usuales en todas las líneas sindicales al principio del siglo XX, serían impensables y contraproducentes. También es evidente que la relación de fuerzas actual no permite plantearse la posibilidad inmediata del “ir a por el todo”, lo que impone otro tipo de líneas estratégicas para la construcción de poder popular y conciencia obrera.
Pero lo que a mi realmente me interesó del libro, a los efectos prácticos actuales, son las primeras páginas, en las que se describe la construcción dela organización sindical cenetista en Reus, en una situación de enorme tensión social. Y aquí es donde podríamos conectar con las necesarias reflexiones sobre la situación presente de las luchas del trabajo.
Dice Pepe que las formas  futuras de acción del trabajo organizado no nacerán de la expansión del “ideal”, sino de las necesidades reales de las luchas concretas. Eso impone tener en cuenta  “las experiencias que nos enseñan que la pluralidad de criterios no  son malas, que la tenemos que asimilar y reconocer para darle un sentido “libertario” en el sentido más pleno de la palabra”. Se trata, de hecho, de una pertinente afirmación antidogmática y contra el sectarismo, que conecta con esas primeras páginas de “El eco de los pasos” en las que descubrimos que la organización cenetista en Tarragona se construye, a principios del siglo XX,  con la contribución de militantes de origen republicano, catalanista, incluso requeté, o con tendencias abiertamente marxistas. El anarquismo (más bien habría que decir los anarquismos) es, entonces, un haz de  líneas entre otras en el plano sindical, con un enorme prestigio ganado entre el proletariado, no por los tejemanejes burocráticos en la estructura de la organización, sino por la práctica reiterada  de lucha de sus militantes.
La reconstrucción del mundo del sindicalismo revolucionario para el día de hoy impone la recuperación de ese antidogmatismo y  de esa ausencia de sectarismo, pues como muy bien dice Pepe, “la discusión de la AIT” ha venido siendo superada por los hechos. Y lo que importa ahora, no es, por tanto, dirimir viejas querellas sin sentido, sino construir el nuevo discurso que plantee la posibilidad de un nuevo socialismo a la altura de los tiempos. Un socialismo que algunos queremos ecológico, participativo, autogestionario y, en definitiva, profundamente libertario, más allá de las definiciones y de los colores de las banderas.
Lo que si habría que aclarar, en todo caso, es que el sectarismo no es, en modo alguno, un patrimonio exclusivo del anarquismo actual. Quizás es cierto que en el anarcosindicalismo presente gran parte de los cargos (que no todos) acaban siempre en manos de los “negros”, pero no es menos cierto que en el mundo cultural o intelectual español, la hegemonía del pseudo-marxismo (me refiero a ese tipo de intelectuales normalmente dedicados una pose posmoderna que se amparan en un presunto marxismo light para intentar dar imagen de profundidad a posiciones elitistas y disolventes) se ejerce, también, con puño de hierro, no dando más espacio a los libertarios que el de historiadores  de cosas muertas o el de personajes estrafalarios y casi circenses. El sectarismo y el dogmatismo están en todas partes (entre otras cosas, por eso nos va como nos va) y también se puede ser un “socialdemócrata sectario”.
Pero volvamos al hilo de las primeras páginas de “El eco de los pasos”. Uno de los elementos más interesantes que introduce García Oliver es la descripción de las distintas concepciones que tienen en ese momento los socialistas de la UGT y los anarcosindicalistas respecto a la huelga. Para los socialistas, las huelgas son un asunto de “resistencia”. Se quedan en sus casas, sin trabajar, hasta que se les acaba el dinero. Suelen perderlas. Los anarcosindicalistas (en ese momento se estila más llamarlos “sindicalistas revolucionarios” o “sindicalistas”, a secas) prefieren tomar la iniciativa. La huelga es una lucha activa. Los huelguistas no se quedan en sus casas sino que realizan todo tipo de actividades tendentes a ganar el pulso. Eso les hace ganarlas. Una enseñanza importante. Y, una vez más, debemos decir que no se trata de repetir prácticas pretéritas sin sentido en el momento actual, sino de extraer lo esencial de la experiencia pasada.
Eso nos empuja al análisis de una afirmación de Pepe que, sin matizaciones, resulta un poco gruesa: la recuperación del sindicalismo revolucionario “se hará como lo están haciendo las mareas, los colectivos de mujeres de la limpieza, por movimientos que en un momento dado convergerán. Pero no en otra CNT ni nada parecido.”
Bien. Yo puedo contar que participé activamente en la Marea Verde madrileña, es decir, en las huelgas contra las instrucciones de horarios de la enseñanza secundaria de hace un par de años. Hice huelga, di clases en la calle, corté la Gran Vía madrileña, tomé la palabra en las asambleas…
El modelo es interesante, pero claramente insuficiente. Las huelgas empezaron con un empuje desde la base innegable y fueron altamente combativas. Sin embargo, lo que suele escaparse a los análisis “puramente movimientistas” que plantean que los sindicatos antagonistas son innecesarios, es la potencia práctica y, al tiempo, la degradación, del sindicalismo mayoritario y burocrático.
En el seno de las movilizaciones, los mayoritarios nos decía que volviéramos a casa (“resistencia”) y nosotros pugnábamos por seguir con las movilizaciones. Eso sólo se pudo hacer bajo el amparo de los sindicatos combativos, que legalizaron días adicionales de huelga o que ampararon a las plataformas surgidas desde la base, como Soy Pública, que estaban siendo calificadas por la burocracia como “antisindicales” o “corporativas”.
Es comprensible, por otra parte, que militantes esforzados del comunismo de tiempos de la transición devenidos en  sindicalistas honestos de los mayoritarios (que también los hay) tiendan a no terminar de comprender la profundidad de la degradación de sus estructuras, y de muchos de sus cuadros medios en muchos lugares. En plena Marea Verde, yo mismo fui amenazado directamente y de una forma bastante torpe (no tuvo en cuenta que, para entonces yo ya era funcionario de carrera) por un delegado de uno de los mayoritarios, en un aparte, por mis posiciones en las asambleas. Y no fui el único. Que también hay una “casta sindical”, y que está organizada, es, en estos momentos, innegable.
Por supuesto, los sindicatos combativos y las plataformas de base también cometieron sus propios errores. Pero eso es otra historia. Lo que queda meridianamente claro es la necesidad de la organización, de una organización permanente, sostenida en el tiempo, con sus propios recursos, con su personalidad jurídica propia, con una militancia formada. Y que, además, supere las barreras corporativas desde amplias posiciones de base.
Así que sí, si es necesaria “otra CNT”. Una organización permanente, amplia, no sectaria, plural, desde luego, pero por fuera de las estructuras burocráticas de los mayoritarios. “Un Gran Sindicato”, como decían los wobblies, que no se defina por la cercanía al “ideal”, sino por la práctica efectiva desde la base, de participación popular y de superación del activismo y las huelgas “de resistencia”.
El problema, por supuesto, es que el mundo del trabajo se ha transformado radicalmente en las últimas décadas. La explosión de las contratas y subcontratas, ETTs, falsos autónomos, la creciente flexibilidad contractual, la aparición de los grupos empresariales, las deslocalizaciones…todo ello ha generado una enorme fragmentación en la clase trabajadora que ha impedido establecer asideros para la acción colectiva. La precariedad reinante y la “derrota cultural” de los años 80 y 90, junto al adocenamiento y burocratización del “sindicalismo de concertación” han obturado, a día de hoy,toda posibilidad de reconstrucción de un espacio amplio para el sindicalismo revolucionario. He escrito algunos libros cortos sobre ello, todos disponibles gratuitamente en internet. No creo que se me pueda achacar desconocer esa realidad.
Frente a eso, algunos plantean, como alternativa a “otra CNT”, el “sindicalismo social”. Me he extendido mucho, y no creo que sea este el lugar para hacer un desarrollo amplio al respecto. Estos compañeros tienen razón y no la tienen, al tiempo.
Tienen razón en que el escenario se ha transformado y hay que buscar nuevas vías. También la tienen al recuperar la plasticidad espacial de las luchas y su vinculación con el resto de movimientos sociales.
No la tienen en que, ahora mismo, esas propuestas representen una alternativa (léase bien, no un complemento, sino una alternativa) a la construcción de organización desde el sindicalismo revolucionario. Algunos hemos vivido ya décadas de “sindicalismo social”, desde el conflicto de El Circo del Sol a finales de los 90 en Madrid, a cosas más modernas. El modelo no termina de cuajar, y al final, para muchos sectores en conflicto colectivo, se impone la necesidad de buscar el paraguas de las organizaciones consolidadas para muchas cosas.
Pero, en todo caso, el “sindicalismo social” es una gran esperanza. Un campo de experimentación prometedor. Con los últimos párrafos sólo he pretendido provocar (de “provo-care”, hacer un llamamiento) a otros activistas del mundo laboral, para intentar que participen en este debate.
Así que, si, hay que construir “Un Gran Sindicato”, plural, antidogmático, revolucionario y, sobre todo, (y esto daría para otro artículo más) independiente. El trabajo tiene que tener su propia voz, recuperar su pegada. Nos va mucho en ello.
José Luis Carretero Miramar.





jueves, 25 de agosto de 2016

Despertemos al monstruo dormido


                DESPERTEMOS AL MONSTRUO DORMIDO.(Artículo publicado en el número 72 del periódico Contramarcha, de la Sección Sindical de Metro de Madrid de Solidaridad Obrera).



                A día de hoy (principios de agosto) no sabemos aún quién ha ganado las elecciones y formará  gobierno. Lo que sí parece evidente es que el llamado “ciclo electoral” de asalto al “cielo” poco paradisíaco, por lo que nos empiezan a decir nuestros supuestos representantes, de las instituciones, está llegando  a su fin.
                En ese proceso de asalto a lo institucional burgués  se han centrado gran parte de  las energías del activismo y la militancia social de nuestro país en los últimos dos años. Los resultados son, ciertamente, muy limitados: se han obtenido algunos ayuntamientos, aunque sólo con el apoyo expreso o tácito de las fuerzas del social-liberalismo (PSOE); una buena bancada de diputados que en la aritmética parlamentaria representan, sin embargo, un papel marginal; y algunas comunidades autónomas, también en base a pactos de amplio espectro que re-significan acusadamente el discurso de ruptura con el régimen que se supone que fundamentaba esta ofensiva en las instituciones.
                Por el camino, sin embargo, nos hemos dejado muchas cosas: la potencia de los movimientos en la calle, que han sido encauzados hacia las instituciones y, posteriormente, ninguneados, por un discurso de la “nueva política” que ha llegado, incluso, a negar su misma existencia para no tener que responder ante nadie; una cierta “virginidad” política, que implicaba la idea de la incorruptibilidad y plena traslación de los deseos populares por unos representantes elegidos de entre los propios núcleos activistas; y, sobre todo, el elemento más esencial, el corazón mismo de la propuesta del 15M, conformado por la idea-fuerza del “Sí se puede”, que ha sido abandonado por una naciente casta político-parlamentaria neo-socialdemócrata (es su propia definición) que ahora se dedica fundamentalmente a explicarnos por qué “no se puede” ni se podrá en mucho tiempo.
                La “nueva política” parece cada vez más obsesionada por deslindarse, no de la “vieja casta”, a la que ha llegado incluso hasta a adular, sino del “viejo activismo”, identificado como una residuo pasivo de tiempos pasados que no quiere reconocer las múltiples cesiones, tanto ideológicas como prácticas, que implica la gestión de lo posible, que desde las instituciones impone virtudes teologales como la paciencia, la resignación, la adhesión a una forma retorcida y personalista de hacer política, y los abrazos continuos con los prebostes de un régimen que ya nadie identifica como el enemigo a batir, sino con el tablero de juego que, quizás, en largo plazo, se podrá reformar de alguna manera.
                Lo cierto es que, muy probablemente el fin del ciclo electoral puede ser también el fin del ciclo dela ilusión del cambio fácil abierto en el 15M. Las transformaciones, en la historia del capitalismo, difícilmente se han producido por la mera expresión de disconformidad (en los parlamentos o fuera de ellos), sin organización de base ni conflicto ulterior, de amplios sectores de población, incluso en el caso, difícil de probar, de que esos sectores fueran realmente mayoritarios en el seno de la sociedad.
                La confluencia de una crisis sistémica que se profundiza, y degrada cada vez más amplios espacios de lo social; junto al fin del ciclo electoral; si se ve, además, acompañada del abandono de toda esperanza de cambio por parte de las clases subalternas, puede conformar el caldo de cultivo imprescindible para la emergencia de formaciones que, basadas en el odio de un proletariado adocenado y desmoralizado a sí mismo, levanten como bandera la xenofobia, el autoritarismo y la jerarquización extrema de la sociedad.
                ¿Qué camino le queda, pues , a la militancia social y los sectores conscientes y antagonistas del movimiento obrero, en este complicado escenario, en el que se entrecruzan los procesos de descomposición sin alternativas de un régimen político corrupto y de un  entero modo de producción incapaz de valorizar los últimos avances de la técnica y de resolver sus más profundas contradicciones, hasta el punto de poner en peligro la misma adaptación ecológica de la especie humana al entorno natural?
                Es la hora de, como decía Sartre, de  “construir para hacer visible lo inconstruido”.  Si la principal ausencia en estos momentos de zozobra, es precisamente la falta de alternativas radicales y sistémicas a un mundo que se derrumba sin remedio (y eso vale tanto para el sistema capitalista en su conjunto como para el inefable régimen del 78 en España), la tarea del día, para los sectores más conscientes y activos de la clase trabajadora consiste, precisamente, en erigir nuevas banderas que, sobre la base del trabajo crítico sobre el marco de conocimientos atesorado en los últimos siglos por las fuerzas revolucionarias, establezcan una hoja de ruta plausible y lineamientos estratégicos a la altura de los tiempos para la reconstrucción y emergencia de nuevas formas organizadas y de masas de conflicto social y de poder desde la base.
                Este artículo no es un espacio adecuado para profundizar en una apuesta estratégica concreta. Hay cosas que no se pueden expresar a plena satisfacción con tanta brevedad. Sin embargo, aprovecharemos para lanzar algunas líneas-propuesta que podrían conformar el armazón básico para la construcción del nuevo movimiento “que quiere abolir el actual estado de las cosas”:
                -El dogal de la deuda debe de ser desatado. Eso pone sobre la mesa la necesidad de una economía auto-centrada, y de la soberanía monetaria, alimentaria e industrial, así como de una auditoría de todas las deudas que acabe con la deriva hacia la “servidumbre por deudas” que trata de imponer el capital como salida a su crisis. La Europa que queremos sólo puede llegar a existir si la Unión Europea realmente existente es desmantelada.
                -La profundización democrática no puede ser soslayada. Eso implica la necesidad dela experimentación con la construcción de “instituciones del común” que, más allá de la dicotomía del derecho burgués entre lo “público” y lo “privado”, permitan edificar una nueva estructura política y social basada en el protagonismo popular.
                -La democracia debe llegar, también, al ámbito de la economía. Los y las productores y reproductores  de la riqueza social deben determinar su uso, dirigir su producción y reproducción, y establecer los objetivos a cubrir con la misma. La autogestión generalizada de la vida económica es la única salida que permite erigir un sistema social en el que la soberanía, la sostenibilidad y la cooperación sean el centro.
                -La solidaridad entre los explotados y oprimidos debe superar cualquier barrera nacional o étnica, independientemente del reconocimiento de que los trabajadores concretos, son personas concretas, con culturas, étnias o cosmovisiones concretas. La pluralidad y la diversidad son buenas y deben ser  reconocidas, pero la solidaridad de clase debe traspasar todas las diferencias. De esta crisis civilizacional sólo podemos salir todos juntos. En el mundo de las deslocalizaciones y los movimientos globales de capitales, las luchas de los pueblos del Sur, son las luchas de todos.
                -Las opresiones cotidianas son un buen anclaje para construir poder popular. La democracia también tiene que llegar a ser la libertad para construir el propio arte de vivir. La lucha contra el patriarcado, por el pleno desarrollo de las potencialidades de todos y todas y por una auténtica trasformación cultural que plantee la “batalla de las ideas”, de formas múltiples y creativas, es la lucha por la transición sistémica al socialismo libertario. El “conservadurismo antropológico” es una trampa que amenaza reeditar las ataduras feudales en lo social, combinado con la servidumbre por deudas. El régimen del socialismo es el régimen de la libertad, si el socialismo ha aprendido algo de su historia.
                -La resolución de la crisis ambiental en ciernes, obliga a un replanteamiento completo de concepto mismo de la abundancia. El socialismo es el régimen de la abundancia, pero no necesariamente del consumo y producción de cachivaches  antisociales e innecesarios. La abundancia de cuidados, de afectividad, de cultura, de todo lo que constituye el armazón de una vida plena, debe sustituir al derroche desigualitario de recursos naturales.
                Son propuestas a debate. Falta, también, la discusión sobre los asuntos centrales de la organización y del trabajo. Pero creo que permiten abrir la discusión.
                Creemos las alternativas que hagan desperezarse al monstruo dormido que el Capital quiere inducir a las pesadillas.

                José Luis Carretero Miramar.