lunes, 20 de febrero de 2017

Jaime Pozas, in Memoriam.

JAIME POZAS, IN MEMORIAM
Jaime Pozas de Villena falleció en Barcelona el 14 de febrero de 2017, víctima de una cardiopatía que arrastraba desde hacía años. Por esta razón médica, su óbito nos ha dolido –y mucho- pero no nos ha sorprendido. Es más, que haya muerto del corazón aquél que lo tenía metafóricamente tan grande, nos ha parecido justicia poética incluso a los que negamos que el pericardio tenga algo que ver con la emotividad.
Jaime estudió Química en Madrid. Que prefiriera una ciencia dura a las ciencias blandas (las Sociales y las Humanidades), no es detalle banal  porque nos confirma que su vida estuvo regida desde muy joven por el rigor del método empírico. Que luego intentara la dificilísima empresa de conjugarlo con la rebeldía social, es un rasgo más de su terca heterodoxia. En cuanto a los resultados de su intento, hay opiniones para todos los gustos, una cualidad de todas las  herejías -para unanimidades, ya están los rebaños-.
Según escribe en una de sus escasas publicaciones, la universidad “forma parte esencial de mi vida. Me ha valido para ser más capaz que otros y menos que muchos, de diferenciar entre artistas y técnicos, entre eruditos y sabios, etc. Por eso luché contra ella” (en La autenticidad como lucha, 1977) Como muchos sabemos, la universidad le trajo gloria y ruina hasta que fue expulsado ‘a perpetuidad’, una ‘exclusión del paraíso’ de la que siempre se sintió orgulloso.
La gloria le vino al encabezar la rebelión de los ácratas (1967-1969), una sublevación tan desconocida y censurada como imprescindible para entender la historia de la intelectualidad española, una revuelta tan original y autónoma como ninguneada a la hora de estudiar la sociedad español de aquellos años para acá. La censura sobre Jaime y los ácratas comenzó por la sistemática tergiversación de nuestra teoría y de nuestra acción que ordenó la cúpula del aparato comunista universitario; según esta Cheka, éramos un puñado de descerebrados pero peor fue que llevaran sus consignas hasta la infamia. Por ejemplo, en aquellos años, no era raro oír el rumor de que Jaime era un confidente y un provocador. Hasta aquí, el procedimiento rutinario de los herederos de Lenin; pero que lo siguieran chismeando cuando Jaime y otros estaban –o estábamos- presos desde hacía varios años, aquello clamaba al cielo. Fuéramos lo que fuéramos, desvelamos los pecados de la jerarquización universitaria y de su perversa inanidad (en su escrito antes citado, Jaime la definió como opresora, esclavista, sacralizada, insensible, amoral y un largo etcétera) hasta el punto de que podríamos decir que nos adelantamos al Mayo 68.
Claro está que, cual sucede con los prometeos, Jaime pagó la gloria con la ruina. Y no nos referimos sólo a la cárcel sino también al ostracismo que la siguió. Jaime no fue nunca el vehemente individualista que algunos se figuran. Tampoco fue un stirneriano propenso a la autofagia y al solipsismo teórico. Fue un cabal caballero de la Anarquía que, simplemente, recelaba de que la organización fuera un fin en sí misma. Él siempre insistió en que la Ética eran la ciencia, la guía y el valor supremos, muy por encima de los medios que se emplearan en la arena política. Mantuvo un equilibrio (inestable) entre la ciencia y la acción, entre lo colectivo y lo individual. Visto desde los clásicos, diríamos que anduvo equidistante entre Bakunin y Kropotkin: por su formación se acercaba al segundo mientras que, en lo cotidiano, tendía hacia el primero. Ingenuo sería quien creyera que es fácil conjugar estas dos sensibilidades anarquistas y malvado el que encasillara a Jaime en una sola de ellas.
La ruina hizo que Jaime se viera obligado a hacer de la necesidad, virtud. De ahí que aprovechara sus forzosos periplos por el extranjero (Toronto, Londres, Ginebra), para aprender del mundo del trabajo manual, una instrucción que muchos universitarios no conseguirán jamás aunque pasen años ‘proletarizándose’. Pertrechado con el conocimiento de ambos mundos, Jaime consiguió ser anacoreta rural y gregario capitalino, intelectual y obrero, militante y verso suelto. Parafraseando a otro de sus clásicos –Quevedo-, diríamos que llegó a ser el “alma para quien toda una organización, prisión ha sido”.
Y no sólo una organización como la CNT por quien, pese a sus rechazos, lo hubiera dado todo, sino que también le fue prisión su propio cuerpo. Y es que Occidente acepta actualmente multitud de opciones sexuales pero ha dejado en manos de los místicos la opción más radical: negarlas todas. Jaime aceptó ese reto porque nunca confundió el Deseo con su materialización –generalmente genitalizada-. Huelga añadir que eso le hizo blanco de chismes, por insidiosos, quizá peores que los ya padecidos en la universidad aunque, al revés que aquellos, jamás les concedió la menor importancia.
En cuanto al futuro que ya tenemos encima, añadiríamos que Jaime llegó tarde a la Cibernética; por ello, apenas hay referencias sobre él en internet. Y no podrá haberlas puesto que la autenticidad exige el trato directo entre los agentes sociales –sean, individuos, sean espectáculos- y Jaime optó por las relaciones directas, esas que se les escapan a los historiadores, esclavizados como están por los documentos físicos.
Sin embargo, ese afán por escapar de la cárcel de papel, le obligó a pagar varios peajes. De ahí que haya sido tildado de purista y de perfeccionista, de cocinero y de fraile, cuando no de ogro rústico. Pero es que, según su obra antes citada, “Mi desconfianza hacia la letra impresa es algo instintivo”. Aun así, cuando quiso, fue capaz de darles la vuelta a las palabras totémicas de la tribu occidental; de ahí que “emplearé los términos con los que fui adiestrado y los iré matizando hasta transformarlos”. Y, ¡por el santo grial de la Anarquía si lo hubiera!, que los transformó de manera que Dios, ideología, utopía, arte, modernidad, se convirtieron en mero humo de quimeras. Por ejemplo, para Jaime el diablo que acecha a los utópicos, el temido  fracaso se convirtió en una minucia despreciable puesto que “triunfar significa manejar el engaño y la astucia contra los demás; fracasar es garantía imprescindible de la sabiduría”.
Jaime “donó su cuerpo a la ciencia” y luego será incinerado. Sus cenizas se esparcirán dentro de unos meses. Nuestras condolencias a su familia y allegados, en especial a Mª Teresa, hermana, hada y bastión contra toda inclemencia. Querido Jaime, sit tibi terra levis.

                                                                                                          Antonio Pérez.

en la foto: De cañas con AGUSTIN GARCIA CALVO.
Foto © a NOVILLO

Hotline Trump-Rajoy – Economía Directa 12-02-2017

Hoy hablamos sobre qué está pasando dentro de Podemos y qué razones han motivado sus crisis internas, la baja valoración en el CIS de la formación y su estancamiento en la intención de voto. También hablamos sobre la conversación telefónica mantenida entre Mariano Rajoy y Donald Trump, los nuevos datos de la Seguridad Social, cómo está nuestro sistema de pensiones en relación con el resto de países de nuestro entorno y por qué no se produce un acuerdo generacional para solucionar sus problemas. Con José Luís Carretero y Jordi Llanos. Conduce Juan Carlos Barba


domingo, 5 de febrero de 2017

From Trump to Vistalegre


FROM TRUMP TO VISTALEGRE.

The systemic crisis that began in 2007 remains unresolved. It does not seem that we are at the gates of a new process of accumulation on a global scale that could allow the capitalist economy to get out of its slack. Public money bailouts for strategically located financial institutions continue to occur (as in the case of Italy) or are threatening on the horizon (as in the case of the German Deutsche Bank), without restoring the path of stability. The Eurozone crunchs whipped by a gale that does not stop, ranging from the Brexit, which puts it in question, to the very probable electoral advance in this year of ultra-right forces that defend its fragmentation and the end of the euro. The refugees are crowded at their doors, in subhuman conditions, and the mass revolts, still lacking a deep revolutionary sense, are happening on their eastern border, as in Bulgaria and Romania in recent months.

The world today is increasingly multipolar but also more chaotic, tilting between spasms and turbulence, given the apparent inability of Americans to control the Middle East and the Chinese to develop a middle class that can replace the dwindling demand of Western countries , overwhelmed by austerity measures, the liquidation of the welfare state and the precariousness of work.

Under these conditions, the new global emperor (Donald J. Trump) takes controversial measures,as  the media tells us. Let us not deceive ourselves, what underlies, very deeply, in the election of Donald Trump as president of the United States and in the ensuing controversy, is the existence of a deep fracture within the American ruling class.

Donald Trump did not go to the government to be an anti-system, although he has pumped certain populist flags in his election campaign. Donald Trump, and his government of millionaires, Goldman Sachs executives and oil tycoons, represent a certain political line of a particular fraction of the ruling class, in hard struggle with another fraction, in which we find, for example, the kings of Sillicon Valley or well-appointed multinational services such as Starbucks.

Trump's policy is neither anti-system, nor does it pretend to be. The aim of Trump is to imitate as much as possible the economic and labor management of its main competitor, which is about to reach him: the People's Republic of China. China is expected to reach the US GDP in a few years, and is about to develop its nuclear capacity to become "on a par with Russia and the United States." The commercial war with China is served, and perhaps in the medium term, the confrontation escalates further in pre-war terms (let's not forget that Steve Bannon, our Emperor Donald's favorite adviser, stated in an interview shortly before he came to power , that in about 5 or 10 years, an open military conflict with the Asian giant would be unleashed by control of the most dynamic commercial zone of the planet: Asia-Pacific). The softening of the quasi-war escalation with Russia, fueled by Obama, after the humiliating, for Americans, advance of Putin's forces and interests in Syria and Turkey, is nothing more than a strategic turn aimed at dividing the two emerging giants linked by the new Silk Road, as was the Obama agreement with Iran, which Trump now seems ready to default on. The implosion of the Eurozone, in the face of its own contradictions and the inanity of its ruling class, could bring the booty to be shared among the new contributors-competitors, but it does not seem entirely probable that, in an increasingly chaotic world that kind of alliances reach to stabilize.

Trump's anti-immigration drift does not seem destined, despite all the demagogic drift that accompanies it, to the total expulsion of foreigners (let us not forget that Obama has already deported more irregular than all previous US presidents together), but to impose a higher Labor discipline and the cheapening of its workforce, sunk in the shadow economy, in the image and likeness of what was actually done by the Chinese Government with its hakou system, which allowed treating as illegal citizens the more than 150 million of workers who left the field in China to go to work in the large transnational factories of the Chinese coast in recent decades. A racialized management (in the American version, something quite traditional in that country) of the labor force that has made it possible to reduce labor costs enormously and subject it to a quasi-militarized discipline.

The economic protectionism of the American president, on the other hand, is, like the Chinese, a regulated protectionism around the interests of the national ruling class. So while China keeps limiting the opening of its financial system to international flows and fostering the free market in its export sector, Trump seems willing to do the opposite, thus wiping out Obama's timid regulation of Wall Street businesses, but attempting to return the automobile production to the country, and seeking to negotiate bilateral free trade agreements, instead of multilateral ones, that allow it to regulate what and before whom opens its economy.

But what is really fundamental, given the maremágnum produced in recent weeks in the United States, is that the American ruling class is fractured about the strategy to follow as it has not been in the last 50 years. That explains why the protests (which, on the other hand, show a vitality of American society that no one had spoken us until now) have received so much global media attention and not simply repression and silence. That explains, too, that prominent representatives of the American legal world or the cultural establishment, challenge Trump's decisions, as it has not been done in decades.

This growing conflict between Zuckerberg and Tillerson, between Soros and the big oil companies, threatens, of course, to generate, in turn, one or several open fractures in the overall class of leaders. Tensions with China and other emerging countries, those derived from European decomposition, those of the ambitions of the new militant realms of the ultra-right, which seek to replace the old liberal and social-liberal elites, open a scenario of conflict in the interior of the ruling class that, as we have seen in the United States, could open the social space sufficient for the emergence of new alternatives hitherto subjected in the darkness of a regime without fissures.

Social crisis and a fracture of the ruling class. We lack a condition for the crisis to reach the degree of revolutionary crisis: the autonomous and massive organization of the exploited, fueled by a discourse and an aesthetic to match the circumstances. This element does not seem to be in sight for the moment on the stage, but let us not forget that, precisely this changing scenario, is the ideal for a determined advance of the forces of change.

But what about the Kingdom of Spain? Is that decisive advance prepared? In Spain, what is really worrying is not the political stability revisited by the forces of the regime thanks to its pacts, since it has proved to be extremely vulnerable to the global turbulences, whether economic or ideological; But the marked bet, whose consequences we began to see at the moment, of the majority of a whole militant generation for the policy of the chair, media brilliance and absolute futility about raising awareness and organizing the working majority.

Vista Alegre 2 and the soap opera of the media leaders float on the margins of the world, in absolute futility, when a whole regime of management of the global system is about to mutate, if we do not avoid it or move in another direction, catastrophically, before our very eyes. Endowment with a revolutionary subjectivity capable of intervening implies the popular construction and empowerment of the working class, the extension of their networks and their experiences, their own organizations, and the creation of discourse on the great changes that are to come.

Let us forget about the leaders and their sludges and the tricky gymkhana of the new professional politicians, let us begin to construct a counter-power from below ourselves, directly and autonomously. It is not about managing the growing disaster, nor finding a soft chair when the music stops. The goal of someone who wants to change the world is not to sit comfortably on a bench.

José Luis Carretero Miramar.











De Trump a Vistalegre

.                DE TRUMP A VISTALEGRE.

                La crisis sistémica iniciada en 2007 sigue sin resolverse. No parece que estemos a las puertas de un nuevo proceso de acumulación a escala global que permita a la economía capitalista salir de su atonía. Los rescates  con dinero público a las entidades financieras estratégicamente situadas siguen sucediéndose (como en el caso de Italia) o amenazando en el horizonte (como en el caso del Deutsche Bank alemán), sin que se consiga recuperar la senda de la estabilidad. La Eurozona cruje azotada por un vendaval que no se detiene, y que abarca desde el Brexit, que la pone en cuestión, hasta el muy probable avance electoral en este año de fuerzas de ultraderecha que defienden su fragmentación y el final del euro. Los refugiados se agolpan a sus puertas, en condiciones infrahumanas, y las revueltas masivas, aún carentes de un sentido revolucionario profundo,  se suceden en su frontera Este, como en Bulgaria y Rumanía en los últimos meses.
                El mundo actual es cada vez más multipolar, pero también más caótico, basculando entre espasmos y turbulencias, ante  la evidente incapacidad de los norteamericanos de controlar Oriente Medio y de los chinos de desarrollar una clase media que pueda sustituir la menguante demanda de los países occidentales, atenazada por las medidas de austeridad, la liquidación del Estado de Bienestar y la precarización del trabajo.
                En estas condiciones, el nuevo emperador global (Donald J. Trump) toma medidas polémicas, nos dicen los medios. No nos engañemos, lo que subyace, muy profundamente, en la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos y en la polémica subsiguiente, es la existencia de una profunda fractura en el seno de la clase dirigente norteamericana.
                Donald Trump no llegó al gobierno por ser un antisistema, aunque haya atizado determinadas banderas populistas en su campaña electoral. Donald Trump, y su gobierno de millonarios, ejecutivos de Goldman Sachs y magnates petroleros, representan una determinada línea política de una concreta fracción de la clase dirigente, en dura pugna con otra fracción, en la que encontramos, por ejemplo, a los reyes de Sillicon Valley o a muy señaladas multinacionales de los servicios como Starbucks.
                La política de Trump ni es antisistema, ni pretende serlo. El objetivo de Trump es imitar en lo posible la gestión económica y de la fuerza laboral de su principal competidor, que está a punto de alcanzarle: la República Popular China. China, previsiblemente, alcanzará en pocos años el PIB  estadounidense, y está apunto de desarrollar su capacidad nuclear para llegar a colocarse al respecto “al mismo nivel que Rusia y los Estados Unidos”. La guerra comercial con China está servida y, quizás, al medio plazo, la confrontación escale aún más en términos pre-bélicos (no olvidemos que Steve Bannon, el asesor preferido de nuestro emperador Donald declaraba en una entrevista, poco antes de llegar al poder, que en unos 5 o 10 años, se desataría un conflicto militar abierto con el gigante asiático por el control de la zona comercial más dinámica del planeta: Asia-Pacífico). La suavización de la escalada de cuasi-bélica con Rusia, alimentada por Obama, después del humillante, para los norteamericanos, avance de las fuerzas y los intereses de Putin en Siria y Turquía, no es más que un giro estratégico destinado a dividir a los dos gigantes emergentes, ligados por la nueva Ruta de la Seda, como lo fue en su día el acuerdo de Obama con Irán, que ahora Trump parece dispuesto a incumplir. La implosión de la Eurozona, ante sus propias contradicciones y la inanidad de su clase dirigente, podría aportar el botín a repartir entre los nuevos colaboradores-competidores, pero no parece del todo probable que, en un mundo cada vez más caótico, este tipo de alianzas lleguen a estabilizarse.
                La deriva anti-inmigración de Trump no parece destinada, pese a toda la farfolla demagógica que la acompaña, a la expulsión total de los extranjeros (no olvidemos que ya Obama ha deportado más irregulares que todos los presidentes norteamericanos anteriores juntos), sino a su disciplinamiento laboral  y al abaratamiento de su fuerza de trabajo, hundida en la economía sumergida, a la imagen y semejanza de lo operado de hecho por el Gobierno chino con su sistema del hakou, que permitió tratar como ilegales sin derechos a los más de 150 millones de trabajadores que abandonaron el campo en el país asiático para ir a trabajar en las grandes factorías de las transnacionales de la costa china en las últimas décadas. Una gestión racializada (en la versión norteamericana, cosa por otra parte bastante tradicional en ese país) de la fuerza de trabajo que ha permitido abaratar enormemente los costes de la mano de obra y someterla a una disciplina cuasi-militarizada.
                El proteccionismo económico del que hace gala el presidente norteamericano, por otra parte, es, como el chino, un proteccionismo regulado entorno a los intereses de la clase dirigente nacional. Así mientras China mantiene limitada la apertura de su sistema financiero  a los flujos internacionales y fomenta el libre mercado en su sector de exportación, Trump parece dispuesto a hacer lo contrario, haciendo desaparecer la tímida regulación implementada por Obama  de los negocios de Wall Street, pero intentado la vuelta de la producción automovilística al país, y buscando negociar acuerdos bilaterales de libre comercio, en vez de los multilaterales, que le permitan regular qué y ante quién abre de su economía.
                Pero lo realmente fundamental, visto el maremágnum producido en las últimas semanas en Estados Unidos, es que la clase dirigente norteamericana está fracturada en cuanto a la estrategia a seguir como no lo ha estado en los últimos 50 años. Eso explica que las protestas (que, por otra parte, muestran una vitalidad de la sociedad norteamericana de la que nadie nos había hablado hasta ahora) hayan recibido tanta atención mediática global y no, simplemente, represión y silencio. Eso explica, también, que destacados representantes del mundo jurídico estadounidense o del establishment cultural, impugnen las decisiones de Trump, como no había sucedido en décadas.
                Esta pugna creciente entre Zuckerberg y Tillerson, entre Soros y las grandes petroleras, amenaza, por supuesto, con generar, a su vez, una o varias fracturas abiertas en el conjunto de las clases dirigentes globales. Las tensiones con China y otros países emergentes, las derivadas de la descomposición europea, las propias de las ambiciones de los nuevos ámbitos militantes de la ultraderecha que pretenderán sustituir a las viejas élites liberales y social-liberales, abren un escenario de conflicto en el interior de la clase dirigente que, como hemos visto en Estados Unidos, podría abrir el espacio social suficiente  para la emergencia de nuevas alternativas hasta ahora sometidas en la penumbra de un régimen sin fisuras.
                Crisis social y fractura de la clase dirigente. Nos falta una condición para que la crisis alcance el grado de crisis revolucionaria: la organización autónoma y masiva de los explotados, alimentada por un discurso y una estética a la altura de las circunstancias. Este elemento no parece avizorarse por el momento en el escenario, pero no olvidemos que, precisamente este escenario cambiante, es el ideal para un avance decidido de las fuerzas del cambio.
                Pero, ¿y el Reino de España? ¿Se prepara ese avance decidido? En España lo realmente preocupante no es la estabilidad política revisitada por las fuerzas del régimen gracias a sus pactos, ya que éste ha demostrado sobradamente ser enormemente vulnerable a las turbulencias globales, ya sean económicas o ideológicas; sino la apuesta marcada, cuyas consecuencias empezamos a avistar en este momento, de la mayoría de una entera generación militante, por la política del sillón, la brillantez mediática y la absoluta futilidad a la hora de la concientización  y organización de la mayoría trabajadora.
                Vista Alegre 2 y el culebrón de los líderes mediáticos flota al margen del mundo, en la futilidad absoluta, cuando un entero régimen de gestión del sistema global está a punto de mutar de manera, si no lo evitamos u orientamos en otra dirección, catastrófica, ante nuestros mismos ojos. Dotarse de una subjetividad revolucionaria capaz de intervenir implica la construcción popular y el empoderamiento de la clase trabajadora, la extensión de sus redes y de sus experiencias, de sus organizaciones propias, la creación de discurso sobre los grandes cambios que se avecinan.
Olvidémonos de los líderes y de sus fangos y de la truculenta gymkhana de los nuevos políticos profesionales, empecemos a construir contrapoder desde abajo nosotros mismos, de manera directa y autónoma. No se trata de gestionar el desastre creciente, ni de encontrar una silla mullida cuando la música para. El objetivo de alguien que quiere cambiar el mundo no es estar cómodamente sentado en un escaño.

José Luis Carretero Miramar.





               

PP y PSOE: hermanados por las cláusulas suelo - Economía Directa 3-2-2017

Hoy hablamos sobre las cláusulas suelo y analizamos cómo están abordando el Gobierno y la banca, con la inestimable colaboración del PSOE, los mecanismos para la reclamación de las cantidades cobradas indebidamente. También hablamos sobre el IPC de enero y si hay razones para la preocupación; nos planteamos la eficacia del SEPE, el Servicio Público de Empleo Estatal, antiguo INEM, a la hora de ayudar a encontrar un empleo y, por último, hablamos sobre el paquete de medidas que propone el FMI para España. Con Alejandro Inurrieta y José Luís Carretero. Conduce Juan Carlos Barba.

jueves, 26 de enero de 2017

«Municipalismo, ecología y economía social» Potenciar la economía local.

Presentación de libro
«Municipalismo, ecología y economía social» Potenciar la economía local.
Sábado, 21. Enero 2017 - 19:00 - 21:00
Presentación del libro «Potenciar la economía local. Propuestas inspiradas en modelos de la naturaleza» de Víctor Méndez, con la participación de José Luis Carretero, Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión; Juan Carlos Barba, Colectivo Burbuja.
En estos tiempos en que tanto se habla de democracia municipal, de generación de espacios locales autosuficientes y autogestionados, de crisis ecológica y de reconstrucción de la vida económica sobre nuevas bases, sociales y solidarias, la publicación del libro “Potenciar la economía local” de Víctor Méndez, es algo más que oportuna. Era necesaria.
Porque el texto de Víctor, compañero del Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión (ICEA), y enamorado de la mezcla de rigor intelectual y creatividad necesaria para aprehender nuevas posibilidades sociales en medio de la barahúnda que nos rodea, abre nuevas dimensiones a la innovación económica en los espacios locales. Unos espacios que ya fueron rodeados de una aureola cuasi-mítica en cuanto a su virtualidad para la transformación de las formas de vida, por el movimiento obrero libertario, o por el republicanismo federal y pi-margalliano de principios del siglo pasado.

Presidente Trump - Economía Directa 23-1-2017

Hoy hablamos sobre la toma de poder de Donald Trum como Presidente de los Estados Unidos y aprovechamos para analizar las razones de su ascenso hasta la Casa Blanca. También hablamos sobre la reacción del Gobierno a la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE sobre las cláusulas suelo y el mecanismo que van a implementar para echar una mano a los bancos. Con Jordi Llanos y José Luís Carretero. Conduce Juan Carlos Barba.